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Intervencion de la U. debe seguir

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La intervención de la Universidad de Guayaquil del tiempo del correato duró tres años, con pésimos resultados. Fue ejecutada por un grupo de mafiosos, sin prestigio y solvencia académica; una camarilla, voraz y sin pudor, puesta para crear un sistema de control de ella y para montar una lógica de corrupción en todas sus instancias. En ese periodo se dieron múltiples y negativos efectos que son de pleno conocimiento público.

La actual intervención fue propuesta y ejecutada por demanda y necesidad social. Resultado del clamor de la sociedad guayaquileña que pedía que se impida la descomposición ética, moral, académica, administrativa, laboral, etc., de la ‘alma mater’ de la urbe. La Comisión que la realiza tiene suficiente solvencia en estos ámbitos. Todos conocemos la trayectoria de sus integrantes: son hombres de principios, que comprenden la difícil tarea que Guayaquil les ha encomendado. Por eso, y entendiendo que hay que sanearla, reestructurarla, ponerla en pie y hacer de ella un centro de educación superior viable y solvente, debe tener un tiempo similar al que el correato empleó para corromperla y pervertirla. La ciudadanía exige que las autoridades del CES prolonguen la función de esta comisión para que la Universidad de Guayaquil vuelva por los caminos de una real y efectiva institución de educación superior, que sirva positivamente a las necesidades de la urbe y de la región Litoral.

Grave sería el error del CES y de las autoridades gubernamentales si dan por terminada una labor que recién comienza. Será una inmensa deuda que tendrán con la sociedad guayaquileña si no prolongan la intervención por tres años, como lo exige la urbe, las necesidades de la colectividad, y los hombres y mujeres que nos formamos en esa institución y que trabajamos cuatro décadas como docentes en dicha universidad. Guayaquil espera que la intervención se prorrogue para que la universidad se recupere de lo que el correato y los antiuniversitarios hicieron: que sea un botín político sin peso académico ni prestigio científico y técnico. Ojalá los del CES mediten bien y comprendan que la sociedad los señalará si no hacen lo que la sensatez pide: que la Comisión siga haciendo su trabajo de reinvención de la ‘alma mater’.

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