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Diario Expreso Ecuador

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La inmigracion vuelve mas notoria la falta de albergues

Cada vez más espacios públicos son utilizados como dormitorios. El MIES y el Municipio dicen que no les compete el tema. Solo la Iglesia les brinda ayuda.

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En las ciudadelas Alborada, La Atarazana, Bellavista, Sauces, Urdesa y en zonas aledañas a la terminal terrestre aumenta con los meses la cantidad de personas y familias sin hogar (la mayoría de nacionalidad venezolana) trabajando en semáforos y durmiendo en las veredas.

Este creciente grupo ha agravado el problema de la indigencia que ya padecía la ciudad en diversas zonas. Así lo publicó EXPRESO hace un año, en una nota que denunciaba la falta de albergues para indigentes en la urbe.

Una carencia que se vuelve más grave y notoria si se considera que, hasta julio de este año, el país ha recibido un flujo migratorio de 295 mil venezolanos, buena parte de los cuales ha decidido quedarse en Guayaquil.

Aquí, la falta de refugios o de casas a un precio al alcance de su economía, los obliga a dormir en los espacios públicos.

“Tengo 15 días en la ciudad, no tengo dónde ir y no me queda más que tirarme a la calle a trabajar en los semáforos para ganar dinero para comer”, narra la venezolana Karla Durán, de 19 años, quien vende dulces.

La joven es una de las más de 300 personas que, como lo publicó este medio el pasado 16 de julio, duermen en el polideportivo situado en la parte baja del intercambiador de tránsito que conecta a la avenida de Las Américas con la autopista Narcisa de Jesús.

Una situación similar la vive Dimas Herrera, quien junto a su esposa y sus tres pequeños hijos, más un amigo, vende durante el día caramelos en la avenida José María Velasco Ibarra, en la ciudadela Bellavista.

El barrio del Salado, ubicado junto al casco central de la urbe, es uno de los más afectados por la mendicidad. “Utilizan los portales de las casas para dormir. Eso afecta al comercio y turismo del sector”, dice Gustavo Rivadeneira, dirigente de ese barrio.

Este Diario consultó al Ministerio de Inclusión Económico y Social (MIES) y al Municipio de Guayaquil, sobre la falta de albergues en la ciudad, donde al menos las familias con niños pudieran dormir por un lapso, como los que hay en ciudades como Quito y Cuenca.

El MIES, a través de su departamento de comunicación, respondió que no le compete la creación de estas casas asistenciales, aunque, en cambio, apuntó que vela para reducir el trabajo infantil en las calles.

Añade que los proyectos que tiene para atender a esta población, los coordina con los Gobiernos Autónomos Descentralizados, organismos internacionales y oenegés nacionales.

A falta de albergues, hay en la ciudad sitios que se encargan de dar acogida en el día y brindar comida a mendigos, indigentes y familias pobres. Dos ejemplos de ello son la iglesia San Agustín y el Refugio del Espíritu Santo (RESA), ambos de la Arquidiócesis de Guayaquil.

El párroco Wilson Malavé, quien lidera el servicio de voluntariado ‘Señor de la Buena Esperanza’, que brinda todos los días comida a los habitantes de la calle en la iglesia San Agustín, menciona que es necesario que haya albergues en Guayaquil, pero con un personal de voluntariado que sirva sin sueldo, como lo hace la Iglesia, para que el objetivo de dar servicio al necesitado no se convierta en un negocio, sino en un acto solidario.

Municipio

“Le compete al Gobierno central”

El Municipio de Guayaquil, a través de un comunicado, reiteró que no tiene la competencia de la creación de albergues, pero que presta su apoyo a varios asilos y fundaciones.

María Josefa Coronel, asesora de Derechos Humanos del Cabildo, señala que la mendicidad y la vida en las calles son un problema que debe ser atendido por el Gobierno central y que el Municipio lidera varias acciones con distintas organizaciones sociales para paliar los efectos de la crisis de la población venezolana en esta ciudad.

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