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El poder del individuo
En 1992 Julio Sergio Ramírez, un prestigioso académico colombiano, escribió el ensayo Tendencias globales y algunas de sus implicaciones sobre el orden político y económico. Para entonces, tras la caída del Muro de Berlín, indicaba que no se podía dar por sentado como un hecho el afianzamiento del paradigma político-económico, donde la democracia como modelo político y el capitalismo como modelo económico, se convertirían en universales e irreversibles. Las imperfecciones de los mercados y las idiosincrasias de la diversidad de pueblos sobre la Tierra hacen muy difícil la definición de un modelo único y general, proponiendo un proceso social evolutivo.
Si a lo anterior añadimos la cada vez más compleja interacción religiosa en el mundo, encontramos que la predicción de Ramírez tenía sentido.
Parte de esa evolución es el creciente poder del individuo: el avance educativo y tecnológico, y su resultado, la era del conocimiento, han provocado una capacidad de creación y destrucción de valor en manos individuales sin parangón en la historia.
Para 1992 no existían la Internet (como la conocemos) ni las redes sociales y los diversos mecanismos de interacción derivados de tales adelantos. Hoy para un individuo es mucho más fácil comunicarse y acceder a información. Pero también es notable la capacidad del individuo, con los medios disponibles, para provocar daño, manipular el valor de bienes intangibles o facilitar asociaciones ilícitas.
En los últimos días hemos visto horrorizados cómo individuos solitarios han segado muchas vidas, y las consecuencias de sus actos son mayores porque al generar terror destruyen valor económico y social. Aquello habría sido imposible sin el acceso de los terroristas a la comunicación y la tecnología, y precisamente será a través de estas que se los venza.
Esa victoria solo será posible, desafortunadamente, a partir de la pérdida de las libertades individuales, pues es la pérdida de privacidad la única manera efectiva de separar a los buenos de los malos. Irónicamente será esa la victoria más grande de los extremistas sobre Occidente.
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