
Indigenas buscan nuevos horizontes para sus vidas
Las nuevas generaciones de indígenas que nacieron o se criaron en Guayaquil buscan nuevos horizontes para sus vidas. Deciden estudiar y prepararse para afrontar la vida desde nuevas posiciones, distintas de las que vivieron sus padres y antepasados, identificados como trabajadores de los mercados o dueños de tiendas de abarrotes en los barrios.
Como producto de la migración a las grandes ciudades, los padres llevaron a sus hijos pequeños o estos nacieron en los centros urbanos. Han pasado a ser los nuevos indígenas kichwas de la Costa, se han acoplado perfectamente a la ciudad y su forma de vida agitada. Sin embargo, mantienen los principales rasgos de su cultura como son la vestimenta, alimentación y lenguaje, de los cuales se sienten orgullosos.
Un ejemplo de este cambio generacional es José Yungán Guaspa, jefe de agencia de la cooperativa de Ahorro y Crédito Acción y Desarrollo, licenciado en Ciencias de la Educación y egresado de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Guayaquil.
Nació en la parroquia Flores, del cantón Riobamba, en la provincia de Chimborazo. Ahí estudió la educación preprimaria antes de trasladarse con sus padres a Quito, donde siguió sus estudios.
Actualmente su vida y ambiente laboral se desarrollan en Guayaquil. Adaptó su estilo de vestimenta al clima de la ciudad portuaria y a su trabajo, pero conservando el sombrero y la trenza.
En la universidad, sus exposiciones siempre las inicia en kichwa. Se ha ganado el respeto de compañeros y profesores en base a estudio y sacrificio. Su promedio de notas en la facultad de Jurisprudencia a través de la carrera es de 9,5.
“Yo migré a la ciudad de Quito muy pequeño con mis padres. Crecí y la gente me llamaba José. Al llegar a Guayaquil me cambiaron de nombre a Manuel. Empecé a trabajar en el comercio de víveres como arroz, azúcar y abarrotes en el mercado de Bastión Popular por un año, pero el mercado no era lo mío, quería prepararme, estudiar y ahí no me lo permitían, por ese motivo tuve que salir”, dijo Yungán a EXPRESO.
Otro ejemplo de superación de jóvenes indígenas citadinos es Miriam Guapi Valla, cajera de una institución financiera con administración de indígenas. Llegó a Guayaquil a los 4 años. Sus padres Francisco y Fabiana, siempre le inculcaron la dedicación al estudio. Ahora es economista y ejerce su profesión en su actual trabajo, donde pretende escalar posiciones. Más adelante quiere crear su propia empresa.
“A nosotras nos tratan como cualquier cosa cuando usamos nuestras vestimentas autóctonas. Si vamos en la metro, por ejemplo, muchos les dan los asientos a las mestizas y nosotras por llevar las vestimentas no somos consideradas igual y vamos paradas”, se lamenta.
“He notado que cuando uso otra ropa es diferente, pero a pesar de esa desatención hacia nosotras, nuestras raíces y cultura son más fuertes. Siempre vamos a ser como somos, nada nos va a cambiar, son nuestros ancestros”, manifiesta Guapi.
Se inició como recaudadora, recorriendo los siete mercados que hay en Guayaquil. “Me acercaba y les ofrecía las cuentas y el crédito que otorgamos”, recordó. Luego pasó a su actual ubicación de cajera.
Sandra Tiupul es nacida en Guayaquil, sus padres son de la parroquia Cacha, provincia de Chimborazo. Aspira ingresar este año a la universidad y realizar sus sueños de ser una profesional.
Las mujeres mencionadas asisten a sus trabajos ataviadas a la usanza indígena y hablan en kichwa con sus clientes, de ser necesario. (F)