India deja de poner la otra mejilla

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India deja de poner la otra mejilla

India deja de poner la otra mejilla

Durante dos y media décadas, Pakistán ha aplicado una política que implica infligir a la India la “muerte de los mil cortes”, es decir, procede a desangrar al país a través de repetidos ataques terroristas, en lugar de intentar una confrontación militar abierta que no puede ganar contra la India debido a que esta tiene fuerzas convencionales superiores. La lógica es que la respuesta de la India a esta táctica iría a ser siempre atemperada por su deseo de no descarrilar sus ambiciosos planes de desarrollo económico, así como la negativa de su Gobierno con respecto a hacer frente al riesgo de una guerra nuclear. Pero este patrón predecible y repetitivo de relaciones entre India y Pakistán se vio interrumpido repentinamente el 29 de septiembre, cuando el director general de Operaciones Militares (DGMO) de la India, teniente general Ranbir Singh, anunció que comandos indios habían llevado a cabo “ataques quirúrgicos” a través de la Línea de Control (LdC) en Cachemira, la frontera internacional de facto entre los dos países. Los ciudadanos de la India se prepararon para recibir la desaprobación de la comunidad internacional -el miedo a la guerra nuclear entre vecinos subcontinentales generalmente domina la opinión pública mundial cada vez que las tensiones bilaterales afloran-. Pero esta vez, gracias en parte a la declaración medida y precisa del DGMO y una ausencia de triunfalismo militar en el tono oficial de la India, parecía que el mundo consideraba la respuesta de la India como justificable. Los intentos paquistaníes que buscaron apoyo contra la India fueron ampliamente rechazados, y los defensores habituales de Pakistán, China y EE.UU., hicieron un tibio llamamiento a ambos lados, para que reduzcan las tensiones. India apretó los tornillos diplomáticos de su recalcitrante vecino, persuadiendo a otros miembros de la Asociación del Asia Meridional para la Cooperación Regional (Saarc) a cancelar una cumbre prevista en Islamabad como castigo por el mal comportamiento de Pakistán. El Gobierno de la India también anunció que estaba llevando a cabo una revisión del Tratado de las Aguas del Indo, según el cual había concedido a Pakistán, en términos generosos, las aguas del río Indo, que se origina en la India, ni siquiera utilizando la porción a la que este país tiene derecho. Los ataques anunciados públicamente, proporcionando una señal clara de intenciones y una declaración enérgica sobre que ya no se debía esperar pinchazos provocadores de Pakistán seguidos por inacción por parte de la India, constituyen una estrategia valiente y algo arriesgada, porque la obliga a ir tras un curso de acción similar cuando se produzca el siguiente ataque terrorista significativo. Si esta actitud decidida, y el consiguiente aislamiento diplomático de Pakistán, conducen a que los generales paquistaníes reconsideren su política de apoyo al terrorismo como instrumento de la política de Estado, la paz entre los vecinos podría tornarse nuevamente como una posibilidad. Sin embargo, para la India, tales esperanzas se han visto traicionadas últimamente con demasiada frecuencia como para que continúe poniendo la otra mejilla.

Project Syndicate