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La ilusion se pinta de amarillo, azul y rojo

En la cabeza de los ecuatorianos rondaban los cuatro resultados anteriores. Ecuador no jugaba bien y de doce puntos, solo sacó uno. La esperanza que había conseguido en los primeros duelos, de a poco se diluía en el razonamiento de la gente.

 La ilusión se pinta de amarillo, azul y rojo

En la cabeza de los ecuatorianos rondaban los cuatro resultados anteriores. Ecuador no jugaba bien y de doce puntos, solo sacó uno. La esperanza que había conseguido en los primeros duelos, de a poco se diluía en el razonamiento de la gente.

Pero la historia de Ecuador sigue creciendo y esta vez durante todos los 90 minutos mantuvo al simpatizante del fúbol, en el país, alegre y contento. La victoria contra Chile parecía difícil y hasta imposible para algunos, pero los dirigidos por Gustavo Quinteros encendieron una luz de esperanza. Rusia no se ve tan lejos.

Cuando juega la selección no hay trabajo, relación o compromiso que detenga a los hinchas de ver a la Tricolor. Es por esto que desde las 15:00 las calles del Puerto Principal del Guayas, ya sonaban bocinas y primaban los colores de la bandera patria: el amarillo, azul y rojo.

“Yo ya dejé cerrado mi trabajo. Hoy (ayer) juega la Tri y no hay quién me frene. Le tuve que decir a mi jefe que tenía que ir a pagar unas cuentas. Obviamente la camiseta la tenía escondida”, explicó Jorge Simón, fanático.

Varios fueron los puntos de encuentro. Unos buscaron algún bar por la transitada 9 de Octubre, otros se juntaron en los distintos establecimientos en Urdesa y en el Centro de Convenciones, donde regresó el tradicional Fan Fest de Diblú, que se ha convertido en una plaza importante para los hinchas de la Tricolor. Más de 5.000 ecuatorianos llegaron a este reciento.

“Yo creo que vamos a ganar, pero apretadito. Me hubiera gustado ver a Oyola y a Pineida. No me da mucha confianza Ramírez”, dijo Elías Rodas, quien después se abrazó y saltó junto a sus amigos en el Fan Fest tras el gol del ‘Ratón’ del Fenervaros.

Sin duda había tensión. Estaban los que lanzaron una plegaria al cielo, los que destapaban su cerveza y se sentaban, y esas parejas que se daban un beso al ritmo de la voz del tenor de la radiodifusión, Walter Ruiz Jaén.

Pero ese nerviosismo se transformó en júbilo. Cada gol era un grito de tranquilidad. Había descarga de emociones y una fuerza total. La ilusión no claudica. Este equipo regresó al fútbol que había explorado en los primeros partidos. También hubo una lluvia de aplausos para los futbolistas ‘nuevos’ en el once: Orejuela, Dreer, Ramírez y Martínez. La Paz nos espera.