Il trovatore

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Il trovatore

Muchos consideran su trama sobre pasión, crimen, odio, amor, celos y venganza, la más bizarra historia en el repertorio operático; pero la ópera funciona por la música de Verdi, que dulcifica el cargado contenido emocional del libreto de Salvatore Cammarano. Al final, detrás del telón, el escenario está cubierto de cuerpos exánimes: primero Leonora y el decapitado Manrico; la gitana Azucena que ha tenido la última palabra y el conde de Luna, que es un muerto en vida. En la premier en Roma, el 19 de enero de 1853, mujeres se desmayaron y muchos asistentes conmovidos abandonaron el teatro Apolo en un mar de lágrimas. El público reaccionó en forma entusiasta. Pero algunos críticos expresaron que la vulgaridad de Il trovatore representaba la defunción del ‘bel canto’, como se lo conocía y veneraba en la época. Temístocles Solera, autor del libreto de Nabucco escribió: “...ese desordenado de Cammarano merece una sentencia de por vida en las galeras por haber escrito Il trovatore”. Luego de la premier, Verdi escribió a Clarina Maffei: “La gente dice que Il trovatore es muy triste y que hay demasiadas muertes, pero después de todo, la muerte es todo lo que hay en la vida. ¿Qué más existe?”. Creo que yo podría darle al maestro algunas otras cosillas, pero Verdi nos muestra con esta expresión su inclinación esencialmente irónica, trágica y dramática. El “Miserere” es uno de los más grandes logros de la ópera italiana con su increíble clímax, durante el cual los cuatro elementos musicales que han estado presentes en sucesión -los monjes, la figura rítmica funeral de la orquesta, el llanto apasionado de Leonora y la canción de amor de Manrico- comienzan a “estrecharse” todos juntos en un proceso llamado “alla stretta”, hasta que finalmente se escuchan en forma simultánea.

Trovador es otra muestra del gusto de Verdi en literatura y su sentido de lo que, para él, era el gran teatro dramático: el contraste y conflicto de las emociones más poderosas, situaciones cargadas de dramatismo extremo y personajes cuyas pasiones y debilidades nunca dejan de intensificar la acción dramática.