Honra, prestigio, honor y poder

A lo largo de la historia de la humanidad, la honra, el prestigio y el honor fueron principios de conducta moral y ética muchas veces asediados por el poder político y económico. Al parecer, con el paso del tiempo, aquellos principios perdieron su valor, su importancia.

Ver los noticieros cargados de denuncias de corrupción a todo nivel, observar el cinismo de los corruptos procurando evadir su responsabilidad, comprando conciencias o tratando de hacer ver como común aquello que por su naturaleza es repudiable.

Jonathan Moldau decía: “las personas fueron creadas para ser amadas y las cosas fueron creadas para ser usadas. La razón por la que el mundo está en caos, es porque las cosas están siendo amadas y las personas están siendo usadas”. Quizás sea esta la razón por la cual la corrupción campea en nuestros países, siendo aquello el signo de los tiempos, la verdadera lacra de la sociedad.

Retumba en mi recuerdo la imagen y la voz de mi padre diciéndome: “mi obligación es darte una buena educación y dejarte un buen nombre, la tuya es conservarlo limpio para dejárselo a tus hijos”, sabiduría, que por lo menos en mí, caló profundamente, procurando honrarlas en cada acto de mi vida, así como las he transmitido a mis hijos con verbo y ejemplo, recalcándoles que a cada quien se lo debe juzgar por sus actos y que tienen el derecho a no ser juzgados por los actos de terceros.

Siendo la familia el núcleo y la base de la sociedad, la responsabilidad de todo padre es educar en virtudes éticas y en principios morales a los hijos, para que sean ciudadanos de bien. Mayor responsabilidad y obligación tienen quienes dirigen la patria; sin embargo, pareciera que para algunos de ellos todo es negociable, incluso la conciencia y la justicia.

Cuando escucho aquella exclamación: “¿qué futuro les depara a mis hijos y nietos?”, respondo: lo que les enseñes con el ejemplo en el hogar, teniendo presente que habrá quien, por voluntad propia, desvíe el camino.

Me resisto a perder la esperanza de recuperar la sociedad donde el poder esté al servicio de la honra, el prestigio y el honor.