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La historia de la literatura ecuatoriana

Tras la exitosa circulación de los cien tomos de Clásicos Ariel en 1970 se propuso continuar trabajando con enorme rigor científico, gran amplitud y erudición y en bello estilo, la Historia general y crítica de la literatura ecuatoriana, sacrificando tiempo y dinero, sin ayuda de nadie, contra viento y marea, disminuyendo los placeres de una intensa vida familiar que le era tan grata. En 1980 apareció la Literatura en la Audiencia de Quito -siglo XVII, en un tomo de 583 págs. Banco Central, Quito, con autores y obras casi olvidados, que causó sensación en los medios cultos del continente. El 2002 en dos tomos de 1.592 págs. salió la Literatura en la Audiencia de Quito -siglo XVIII- editorial de la CCE Núcleo del Tungurahua, en dos tomos de 1.600 págs. corridas. Escrita con brillante ensayística, devuelve al país la grandeza de ese siglo y fue recibida como aporte fundamental para el conocimiento del pasado nacional. Mereció el premio José Mejía de la Municipalidad de Quito al Mejor Libro del Año. El 80 adelantó una síntesis de la cuarta parte de su obra magna con Literatura ecuatoriana 1830-1980, Instituto Otavaleño de Antropología, Imbabura, con juicios críticos, rigurosos y certeros. El 2014 aparecerían los cinco volúmenes del período 1830-1860 en 3.183 págs. corridas, que corresponden a la independencia, al tiempo fundacional de la República y su primera época, con ensayos largos y crítica. Esta obra magna y sin antecedente, pensada y escrita desde 1973, se desliza sobre grandes vertientes: 1) La Lingüística, como ciencia del pasado y también como visión contemporánea. Por ello la Academia Ecuatoriana de la Lengua lo llevó a su seno en 1971 y el diario Hoy inició la publicación de la columna Hoy en el idioma. 2) La Crítica, tanto artística como literaria, 3) La literatura infantil, su tema más querido y 4) La Comunicación a través del periodismo formativo. Su Tratado práctico de la puntuación le abrió las puertas para editar 1) El español actual, enemigos, retos y política, en 1975, 2) El Hermano Miguel lingüista, en 1978, 3) Cómo nació el castellano, en 1979, 4) Léxico sexual ecuatoriano y latinoamericano, ese mismo año, 5) Habla y estilo de Bolívar, en 1981, 6) Manual de ortografía, el 86, 7) Redacción periodística, editado por Ciespal con difusión continental, 8) Cómo escribir bien, de la Editora Nacional en 1994. Al cumplirse en 1974 dos siglos de la muerte de Legarda, el gran escultor de la escuela quiteña, le dedicó una pieza titulada El señor don Bernardo Legarda, concebida como auto sacramental contemporáneo, que se representó frente a la iglesia y convento de San Francisco bajo la dirección de Sixto Salguero. La prensa anunció que era el primer intento de un teatro de masas al aire libre, destacando la complejidad del montaje, cuyo único antecedente podría encontrarse en las representaciones de las tragedias griegas por parte del padre Aurelio Espinosa Pólit al interior de los patios del colegio San Gabriel, como su Edipo rey, de 1935, con música coral de Belisario Peña Ponce e intervención masiva de la muchedumbre y el coro. Ese año 74 fue ascendido a miembro de Número de la Academia Ecuatoriana de la Lengua y el 23 de enero del 75 pronunció el discurso de orden reglamentario El gran fresco occidental y americano del siglo, como introducción a la literatura quiteña del siglo XVIII, siendo el miembro de Número más joven en la historia de esa academia. Patricio Quevedo Terán destacó el hecho: Hernán no continúa camino alguno que se abriera previamente, al contrario, está en la cabecera de múltiples perspectivas nuevas.