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La historia de un detective tropical
Anciano y achacoso, con las habilidades de antaño carcomidas por el párkinson, el mayor Antonio Quirós pasa sus días jugando ajedrez.

Anciano y achacoso, con las habilidades de antaño carcomidas por el párkinson, el mayor Antonio Quirós pasa sus días jugando ajedrez, cuando la televisión se ilumina con una explosión de luz, cantos y sollozos. Ha muerto El Cantante.
Al ver las imágenes de su multitudinario entierro, el expolicía rememora cómo el artista, en pleno declive de su carrera, une fuerzas con la fuerza pública, actuando como detective para desentrañar los oscuros marasmos del crimen de una tal Lucía.
Esta es la historia que narra ‘Teoría del manglar’, segunda novela del poeta y narrador guayaquileño Luis Carlos Mussó.
La obra ahonda en el género detectivesco, narrativa muy poco explorada localmente, a través de dos personajes complejos e interesantes, el mayor Quirós y El Cantante, protagonista basado en el icónico artista Julio Jaramillo y con un trasfondo que cautiva, el Guayaquil de los años setenta.
La novela ha sido lanzada con un éxito arrollador, ganando el premio de literatura Miguel Riofrío de la Casa de la Cultura Núcleo de Loja, y siendo parte de un panel de discusión del Congreso de Ecuatorianistas, que se realizó en la urbe. No obstante, la historia rondó al autor durante más de una década.
“La idea se me ocurrió hace unos diez años y, de vez en cuando iba escribiendo fragmentos y los guardaba. No utilicé escaleta. Construí los personajes primero, en sus planos físicos y morales y los fui vinculando con otros. Finalmente, hace tres años me decidí a escribir la novela. Tomó su tiempo. Fue un proceso de edición largo”, aseveró.
Y aunque la obra se centra en lo policial, la búsqueda de testigos, la imposibilidad de resolver las pistas que aclaren el crimen de Lucía, ‘Teoría del manglar’ cautiva porque no es solo una novela policiaca. Sus protagonistas, a la par que indagan el asesinato, lidian con sus propios problemas. El Cantante con su incipiente alcoholismo, la pérdida de su voz, y la imposibilidad de grabar nuevas canciones; Quirós con su matrimonio fallido y la omnipresencia de Agustina, la esposa añorada, que aparece imperceptiblemente en cada aspecto de su vida.
A la par, el escenario, el Guayaquil de los setenta con la dictadura, la lucha de clases y las ataduras del pasado versus el progreso del presente forma una parte importante de la evolución de la historia. El autor atribuyó la época de historia a lo que añade a la novela la convulsión de aquellos años.
“Los setenta son una especie de bisagra de Ecuador. Esa fue la época en la que se empezó a hablar de la modernización, del retorno a la democracia, de la reforma agraria. Había ansías por impulsar al país hacia un Ecuador del futuro y eso contrastaba con la vida en la ciudad”, señaló. Al preguntarle sobre el porqué cruzar la política con el crimen, ríe. “Creo que la novela policiaca latinoamericana siempre ha estado muy vinculada a la política y a lo social. No nos podemos desapegar de ese elemento”.
Y aunque al momento el autor dice no tener planes a futuro con el personaje del mayor Quirós, tampoco lo descarta. “No es algo que normalmente hago, pero no descarto un texto vinculado, con un antes o un después de estos personajes”.