Actualidad
La herencia correista, en pie
Más que un esfuerzo por desarmar el aparato de poder correísta, la consulta de ayer parece una batalla para quedarse con su control. Un análisis.

¿Es esta una consulta para enterrar la herencia correísta, como supone un titular de diario El País de España? No hay un organismo que represente mejor el decenio correísta que el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS). Es la expresión institucional de esa teoría política que confunde los conceptos de sociedad, Estado, gobierno y partido de gobierno; y que entrega al Estado el control de lo incontrolable: la participación de la sociedad en la política. Si la consulta pretendiera enterrar la herencia correísta habría preguntado: ¿Está de acuerdo con eliminar el CPCCS para permitir que la participación ciudadana se desarrolle libremente? En su lugar, los ecuatorianos han sido llamados a ratificar con su voto, en lugar de desmontarlo, uno de los rasgos centrales de la institucionalidad correísta.
El postcorreísmo, tal como se había concebido durante los últimos meses de la administración de Correa, debía ser un período democrático de transición durante el cual se desarticularan las políticas y se desmontaran las piezas del aparato de poder construido durante los últimos diez años sobre la base de una Constitución hiperpresidencialista. Ante eso, la consulta de ayer lo único que hizo fue ratificar la voluntad política de mantener esa estructura. Y ocuparla, se entiende.
Los principales aparatos del poder correísta permanecen intactos, incluidos aquellos de control político. La Senain, por ejemplo, con su estructura institucional que la coloca por encima incluso de la inteligencia militar (con sus bochornosas consecuencias fronterizas), sobrevivió intacta al hallazgo de una cámara de vigilancia en el despacho presidencial. Cámara de vigilancia de la cual el presidente no tenía noticia. En cualquier país democrático eso sería un escándalo. Aquí, ningún cambio se hizo, ninguna cabeza rodó y un viejo conocido, Rommy Vallejo, responsable por acción u omisión de esa cámara, continúa al frente del organismo.
Sigue vigente la Ley de Comunicación (y sus organismos censores). Lenín Moreno ha propuesto reformarla, no derogarla. Pero las únicas iniciativas de reforma presentadas en la Asamblea provienen de las bancadas de oposición, no de la suya. Esta, por el contrario, ha impedido en el Pleno toda iniciativa de fiscalización sobre los organismos censores. En general, los asambleístas del morenismo han bloqueado toda interpelación a funcionarios emblemáticos de los mayores escándalos del correísmo: Richard Espinosa y la evaporación de $ 2.400 millones de la Seguridad Social; Augusto Espinosa y la violación de niños en las escuelas; Jorge Glas y su asociación para delinquir...
¿Qué decir de las políticas? El manejo económico no solo “se mantendrá sin cambios”, como anunció el ministro Carlos de la Torre, sino que continúa sirviéndose de los mecanismos creados por el correísmo para disfrazar las cifras. O la política internacional, en manos de la facción más ideológica del correísmo y todavía atada a la ALBA y de espaldas a oportunidades integracionistas como la Alianza del Pacífico, que ha demostrado ser más beneficiosa para sus miembros.
Enterrar la herencia del correísmo, para usar la frase de diario El País, implica reformas de fondo en todos estos aspectos. Un día después de la consulta, ¿es posible imaginar que esas reformas comenzarán a ejecutarse? No hay ninguna pista que permita pensar que así será. La Asamblea es un buen indicador de ello (ver recuadro). La consulta, entonces, aparece como la batalla decisiva no de un proceso para la transformación del país, sino de un enfrentamiento interno en el partido gobernante con miras a determinar quién se queda con el manejo de la estructura de poder creada por el correísmo.
De mantenerse esa estructura, como todo parece indicar, quizá la disputa para salir de Rafael Correa (hoy central en el debate) sea vista, en el mediano plazo, como un episodio anecdótico en la construcción de un aparato concebido, con alternancia o sin ella, para conservar el poder. No es una novedad en América Latina. En México, por ejemplo, tal aparato existe. Se llama PRI.
Sin novedad en el frente
La Asamblea es un buen termómetro para medir la voluntad política del morenismo. Después de todo, sin ella, Moreno vería muy complicado su gobierno. Y su bloque, por lo que ha demostrado hasta hoy, continúa fiel a la institucionalidad correísta, a sus políticas e incluso a sus personas más impresentables. Ninguna reforma de fondo parece que provendrá de ahí.
Sin novedad en el frente
La Asamblea es un buen termómetro para medir la voluntad política del morenismo. Después de todo, sin ella, Moreno vería muy complicado su gobierno. Y su bloque, por lo que ha demostrado hasta hoy, continúa fiel a la institucionalidad correísta, a sus políticas e incluso a sus personas más impresentables. Ninguna reforma de fondo parece que provendrá de ahí.