No hay regalo valido

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No hay regalo valido

No existe, pues no hay obsequio capaz de recoger, recuperar y valorar el sentido tan íntimo, último y de trascendente significado que las madres tienen en la historia. Por eso la ritualidad mercantilista de hoy, con el regalo-mercancía, no tiene ninguna relevancia. Nunca podrá acercarse siquiera a lo más elemental de lo que estas mujeres crean y tejen en la vida social de la humanidad. De ahí que el rito venta-compra para “homenajearlas” sea simple evasión. Fetiche. Simulación y falsía. Algo que busca esconder un error: el que la madre esté presente, viva y reconocida solo hoy, mientras en los otros días se ciernen sobre ella silencio, marginación y abandono, cuando las canas, la ancianidad y las enfermedades propias de la edad ya la visitan cotidianamente. El regalo de hoy será apenas un simulacro. Caricatura y elusión de lo que concierne al espíritu, hacia el “objeto” del mercado. Este supuesto homenaje del mundo comercial a la contribución histórica, genética, social, humana, espiritual, psicológica, cultural y hasta metafísica de esas engendradoras, portadoras y transmisoras de todas las vidas posibles, es, en los hechos, superfluo. Dejen las mercancías y miren hacia adentro. Busquen en su alma y pregúntense qué les dejaron ellas, qué y cuánto les deben a esas mujeres a las que dizque se las homenajea hoy, y que otros días son silenciadas e ignoradas. Quiero, desde estas letras, recordarles la deuda que la humanidad tiene con ellas, que fueron las cantoras de nuestras canciones de cuna y la ayuda con las primeras letras. Y si son amnésicos, mírense el ombligo, tóquenlo. Ahí está la huella vital, el signo del vínculo que jamás podremos romper con ellas. Revalorizo a mi madre montuvia, hecha del barro del campo de Samborondón. A mi gorda, madre en el instinto más puro, que se hace amor, humanidad y entrega. A mis hijas, que aprendieron de ella cómo se es madre total. Y a mis amigas, que son madres íntegras: Gaby, Marley, etc. A las madres de los 3 de El Comercio y de los 4 de la Armada, que el narcocrimen asesinó en la frontera norte. A las angustiadas madres de policías y militares que patrullan la zona que la narcomafia quiere apropiarse. Para ellas cariño incondicional, porque ningún regalo homenajeará plenamente todo lo que crean.