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Diario Expreso Ecuador

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No hay cama pa’tanta gente

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Después de las restricciones que impuso el correato a la participación ciudadana pretendiendo crear un partido único, la reacción social es la inusitada eclosión de candidatos a las elecciones seccionales. Es de ‘Ripley’, porque hay inscritos 80.281 aspirantes para ser prefectos, alcaldes, concejales y jefes parroquiales. Indudablemente son muchos. Incluso la gran mayoría saben y reconocen que no tienen posibilidad alguna. Pero el deseo de figuración es más grande que la sensatez y el razonamiento objetivo.

Al margen de lo que pueda pensarse de este proceso de inflación de candidatos, lo cierto es que en el fondo de todo esto hay un hecho evidente: Ecuador, sus distintas ciudades y organizaciones políticas no tienen un régimen de agrupaciones con orientaciones concretas y definidas, y posiciones ideológicas-políticas. Y, por cierto, este es uno de los grandes problemas de fragilidad de nuestra democracia. Con tal nivel de fragmentación es imposible que una corriente ideológica-doctrinaria y programática pueda marcar la inclinación y definición de los electores. La conclusión: partidos débiles y con poca representación social.

80.281 candidatos no abonan a la democracia ni a un régimen de partidos. Todo lo contrario, producen efectiva dispersión, no solo de fuerzas y tendencias sino de doctrinas (saberes) y orientaciones políticas. Se puede festejar con la lógica de lo absurdo que el que participen 280 organizaciones (8 partidos, 15 movimientos nacionales, 72 provinciales, 164 cantonales y 21 parroquiales) es mejor. Pero no lo es, pues hace imposible crear una sociedad de consensos y un sistema de partidos democráticos. Resulta imposible que existan 280 formaciones ideológicas y el mismo número de corrientes políticas.

Esto dice que la fragmentación, caudillismo, tutelaje y ‘marketing’ electorero seguirán “controlando” a los votantes. Los resultados dirán que no se votó por programas y doctrinas sino por refrendar la dispersión ideológica-política; un grave peligro para la democracia, ya que en el poder y en los cargos en disputa no hay cama pa’ tanta gente carente de principios. De modo que seguiremos atrapados en la lógica que montó el correato.

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