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Hastiado
Amigos me informan que muchos opinan, luego de sorprenderse por mi abandono, al dejar de tocar problemas político-económicos y dedicarme a tratar de música, que lo más seguro es que el Gobierno haya tomado algún tipo de retaliación y no me haya quedado más que callarme. Quienes me conocen bien saben que si ese fuera el caso mis artículos tendrían más fuego y no menos. Nunca este Gobierno me ha amenazado ni ha dirigido los dardos de institución alguna en mi contra. Con toda libertad he criticado lo que considero tremendos desafueros, abusos y colosales equivocaciones de este régimen.
Tampoco he sido limitado en mis opiniones por los directivos de este diario, quienes generosamente me invitaron a integrarme a su página editorial. Sí reconozco que un par de veces ejercí autocensura para evitar posibles sanciones contra este medio, por esa malhadada ‘Ley Mordaza’, que es de lo primero que un nuevo gobierno tiene que derogar, entre tantas leyes abusivas y coercitivas que habrá que rectificar, modificar o dejar sin efecto. Traté de explicarme en un artículo editorial anterior pero parece que no fui claro. Sencillamente llegué a un punto de hartazgo. Me sentí hastiado de observar a una sociedad abúlica, que soporta insultos, atropellos, denuestos, prepotencia, cargas tributarias injustas, pésimo manejo de la cosa pública, sin reaccionar por ello.
Me fastidié al ver a empresarios que vendieron como nunca en la época de las vacas gordas de despilfarro del Gobierno y que sabiendo lo que se venía callaron, porque el lucro efímero era más importante. Me cansé de pedir sensatez a insensatos totales, embebidos de grandeza efímera, que salieron del anonimato en este Gobierno y, no pasando de ser simples marionetas, se sintieron endiosados guías intelectuales y políticos de este sufrido país. Por ello decidí escribir sobre aquello que me apasiona: la música. Creo contribuir con ello a disminuir, aunque sea en una mínima parte, un flagelo de la sociedad ecuatoriana: la ausencia de cultura y educación, uno de los factores principales por los que la llamada revolución ciudadana ha echado raíces.
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