Guta: el horror
de la guerra

“Solo le pido a Dios/ que la guerra no me sea indiferente/ es un monstruo grande y pisa fuerte”, dice la canción de León Gieco. No creo que a ningún ser humano que tenga conciencia de serlo, puede dejarlo indiferente la guerra siria y el daño infringido por todos los adversarios que intervienen en ella: los rebeldes sirios y sus aliados, y por otra parte el Gobierno sirio y los suyos, lo que pone en el terreno bélico a contingentes armados terrestres o aéreos de EE.UU., Turquía, Rusia e Irán, y desde mediados del mes pasado a Israel. A raíz de haber sido abatido sobre su territorio un avión sin piloto, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu amenazó con violentas represalias en caso de agresión, a los “tiranos de Teherán”, según dijo en la conferencia de seguridad de Múnich, en febrero, mientras blandía un supuesto fragmento del dron iraní.

Tras la eficaz ayuda rusa, el régimen sirio se ha impuesto a las diversas facciones rebeldes, por lo que Rusia se retiró del frente sirio entendiendo cumplida su misión. Pero ahora, las fortalecidas FF. AA. sirias están reprimiendo con insólita violencia a ciudades que por años fueron bastiones rebeldes, causando, especialmente, bajas de civiles, familias con mujeres y niños, como ocurrió con la hermosa e histórica Alepo -hoy desolada ante la masiva huida de sus habitantes- y ocurre desde fines de febrero en Guta Oriental, convertida en un infierno por los bombardeos, con hospitales repletos de heridos -muchos graves- que no cesan de llegar, y con el resto de la gente recluida en los sótanos de sus casas o amontonada en refugios bajo tierra. En cuatro días, la aviación realizó más de 3.000 ataques en los 97 km cuadrados de Guta Oriental, según señala la Dra. Wissam, directora de un hospital a escasos km de Damasco, en un reportaje publicado en este diario, quien agrega: “En los cinco años de cerco jamás hemos visto tal intensidad de bombardeos”. Allí se habrían dado en 2011 las primeras protestas pacíficas contra el régimen, luego reprimidas y que derivaron en la guerra. De sus dos millones de habitantes solo quedan unos 400.000 según la ONU. ¡Ciegos, volved los ojos a los orígenes de las instituciones! La ONU fue creada para resolver en paz los problemas del mundo. Hay que acabar con los activistas de la guerra.