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Guerra por pan y medicinas

Esto es lo que hoy se da en la Venezuela bolivariana, pues una necia y dogmática política económica gubernamental, con un modelo muy singular, llamado socialismo del siglo XXI, ha creado graves y continuas carencias de pan y medicinas. Los venezolanos ya no tienen la materia prima (harina de trigo) para sus arepas. En los últimos meses la situación de pacientes y enfermos que acuden a centros de salud, hospitales, etc., se ha vuelto angustiante. Ya no solo escasean los medicamentos, sino que ni siquiera existen los insumos necesarios para atender las necesidades básicas de control de la salud.

En las décadas recientes, tanto la economía como las libertades elementales han sufrido graves deterioros. Los ciudadanos venezolanos dicen que el régimen chavista solo les ha traído consignas ideológicas y marchas políticas, pero que el plato de comida es cada vez más pobre y que los víveres de primera necesidad cada vez son más difíciles de obtener, al igual que las medicinas.

El Gobierno continuamente se refiere a una supuesta “guerra” económica que inventa su presidente. Se la declaró a las panaderías. Es singular esta realidad. Antes de que el chavismo se instaurara, la arepa se hacía porque no había escasez de harina.

Por su parte, los médicos, enfermeras y los mismos enfermos denuncian una creciente falta de medicinas, camas, incluso de sueros y jeringuillas.

La humanidad se pregunta con perplejidad cómo es posible que un país petrolero, con las mayores reservas de hidrocarburo de América Latina, esté pasando por esta situación que afecta gravemente la alimentación y la salud de los venezolanos.

Es hora de que las posiciones democráticas de las naciones del continente y las voces críticas respecto a Venezuela se atiendan. Es preciso dar solución al conflicto venezolano; que variadas organizaciones humanitarias eleven voces de protestas para que aspectos tan fundamentales como la salud y la alimentación sean atendidos por los países que quieran ayudar. No cabe persistir en la obsesión y en la terca necedad de un modelo económico y político que cada día evidencia más fracasos. Este país requiere víveres, medicinas y que un gobierno democrático se preocupe por solucionar la difícil situación del pueblo venezolano. Seguir en silencio y continuar pasivos atenta contra los derechos humanos de los ciudadanos de ese país.