Estos guayaquilenos

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Estos guayaquilenos

Y el gentilicio por cierto engloba a las mujeres también. Son una especie extraña, de aquellas que solo se conoce cuando se vive con ellos. Siempre me pregunto por qué son tan poco dados a los detalles, dejando por fuera por lo general la meticulosidad del análisis de un proyecto por ejemplo, pero para mi sorpresa resulta que se les sale por los poros el alma de empresarios, y casi siempre de un batazo “la sacan del estadio”. Quizá sea por eso, porque no sobreracionalizan las cosas, que simplemente tienen la idea, la determinación y perseverancia; y luego ahí están, haciendo del país el primer exportador bananero del mundo, en su momento el primer país exportador de camarón, el exportador del mejor cacao del mundo y el primer exportador de teca también. Que no les gusta la milicia dicen, porque poco les agrada obedecer, pero cuando suenan los tambores y clarines escriben con su sangre la historia: Morán Valverde, el mayor héroe naval, vio la luz en Guayaquil, al igual que Hugo Ortiz, el mayor héroe militar, y no se diga de Cosme Renella, el más célebre de los pilotos laureados. A estos monos les incomodan las ambigüedades: un sí es sí y un no es no, y por eso no entienden los tratos de otros lados donde un sí, puede ser un tal vez, un quizá es un no, y un no podría ser un sí, dependiendo de la hora en la que acabe el almuerzo. No les gusta la zalamería, mirando con sospecha a quien cuando cruza el puente se llena de halagos. Reconozco que a muchos les gusta más el carro que la casa y la “cachina” más que un buen plan de medicinas, pero sí que son generosos, pues sin su presencia habría sido imposible construir la enorme red de ayuda y beneficencia. No sé de dónde sacan el tiempo, pero todas las mujeres siempre están ayudando a otros en algo: que el voluntariado, que la fundación tal, que la colecta cual. ¡Ay estos guayaquileños, que a veces me hablan con un dejito de serranos y ahora los escucho como venezolanos, y es que para el afuereño, si no la vives, es imposible creer que cruzas el puente, respiras el aire, ves el cerro y de pronto te sientes guayaquileño!