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Diario Expreso Ecuador

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Guayaquil y sus extravios

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Las urbes no siempre aciertan al escoger las múltiples vías para desarrollarse y avanzar. También se extravían, se equivocan. Eso sucede cuando sus colectivos y sus élites privilegian prácticas y modos de ser-hacer que desplazan y reemplazan la pluralidad de los modos de hacer, con sonidos, lenguajes, formas de encantamiento y representaciones de las múltiples sociabilidades que se hacen y recrean en su proceso histórico-social. En el caso de nuestra ciudad, las élites guayaquileñas se dejaron atrapar por el “discreto encanto (y banal encantamiento) que crea la pasión del ser-hacer mercantil”. Por esto se ha generado la idea de un “Guayaquil, ciudad de oportunidades para hacer billete, para enriquecerse, para devenir en mercader” y no para mantener y potenciar el pensamiento ilustrado, como sí lo hizo la urbe en el pasado.

Su situación y condición portuaria, así como el haber sido el corazón y pulmón de la agroeconomía mercantil de exportación, contribuyen a fortalecer esa visión, concepción y práctica social de sus élites empresariales, intelectuales, artísticas y educativas. En consecuencia, se privilegia el crear una escuela y una facultad de negocios y mercadeo, en lugar de fundar una sólida y rigurosa facultad de estudios e investigación socioeconómica, política y cultural.

Las élites empresariales guayaquileñas de hoy “desprecian” y ven con indiferencia el pensar y el rigor filosófico, sociopolítico, histórico y cultural. Los gran cacao de ayer enviaban a sus hijos a estudiar a Europa y conocían de lo que se discutía en las universidades de París, Berlín y Londres. Los actuales conocen más de los catálogos de Miami y de Supermán, que de Heidegger, Sartre, Arendt, Habermas, Onfray, Piketty, Paz y, Nahim Abraham, etc.

Las élites intelectuales de hoy ya no son las de ayer. Las educativas, de igual manera. Por eso la idea de algunos guayaquileños de crear un colectivo y un “núcleo duro” de pensamiento filosófico-social, cultural e histórico, continúa siendo un vano intento. No se estudia con rigor historia, economía, sociología, política, antropología, etc., ni se conoce qué es lo que hay que atreverse a pensar hoy. Así son los extravíos de la sociedad guayaquileña.

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