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La grandeza usamericana

El jueves de la semana anterior el Congreso de EE. UU. aprobó el plan de reformas al código impositivo presentado por el presidente Trump que contiene la más importante innovación a ese cuerpo legal desde 1986. Disminuye los impuestos de las grandes rentas y empresas, reduciendo significativamente los aportes al fisco de las compañías, mientras genera siete horquillas de pago fiscal para los individuos, según analiza la agencia EFE. La ley reduciría también el impuesto al patrimonio, gravamen sobre las herencias, pagado solo por las fincas más ricas. Para Jeff Stein y y Damián Paletta, columnistas del Washington Post, el núcleo del plan es un recorte masivo y permanente de la tasa del impuesto corporativo, de 35 % a 21 %. El informe de la Tarjeta Profesional de la Construcción (TPC) indica que aumentarían los impuestos al 53 % de estadounidenses hasta 2027. Se aprobó con el voto a favor de 227 republicanos y 203 votos en contra de los legisladores demócratas, incluidos 12 votos conservadores. “Estamos devolviendo la grandeza a EE. UU.”, fueron las palabras de Trump tras la aprobación de su plan de reformas, recalcando que con este “el mandato individual ha sido revocado, lo que significa que Obamacare ha sido revocado”. La reforma fiscal anula el requisito de la Ley de Asistencia Asequible del expresidente Obama que obligaba a la mayoría de estadounidenses a obtener algún tipo de cobertura de salud, que el Gobierno subsidiaba en parte, o pagar multa en caso de no hacerlo, normativa que constaba en el código sanitario dictado por Obama y que al ser anulada dejaría a 13 millones de norteamericanos sin seguro médico, es decir, los pobres en total desamparo en el país más poderoso del mundo.

Parece que Trump, al igual que nuestro presidente Lenín Moreno, salvadas las distancias, tiene también el prurito de irse contra los actos de gobierno de su antecesor, si bien en el caso de Trump hace lo que era de esperarse de un ególatra millonario en un régimen capitalista: simplemente defender la robustez de sus propios negocios corporativos, con la deshumanizada pretensión y soberbia de creer que en eso verdaderamente radicará la grandeza, cada vez más declinante, de EE. UU., el estropeado “sueño americano” que sin embargo para muchos aún persiste.