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Galápagos, entre los embates de la pandemia y restricciones medioambientales

El último golpe para Galápagos ha sido la detección de tres casos de la variante delta del coronavirus, que ha llevado a las autoridades a exigir de nuevo, una prueba PCR negativa y el certificado de vacunación

Galápagos
Dos lobos marinos y un grupo de personas disfrutan de la playa Mann, el 20 de agosto de 2021, en la isla San Cristóbal, Archipiélago Galápagos (Ecuador).EFE

El exclusivo archipiélago ecuatoriano de Galápagos trata de recuperar su principal motor económico, el turismo, entre los embates del coronavirus y sus severas medidas para evitar la más mínima contaminación ambiental.

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El último golpe ha sido la detección de tres casos de la variante delta del coronavirus, que ha llevado a las autoridades a exigir de nuevo, desde este próximo viernes, que cualquier persona que desee entrar a las islas deba presentar tanto una prueba PCR negativa como el certificado de vacunación con el esquema completo.

Las autoridades también han decidido vacunar de forma "acelerada" a los menores de 12 a 16 años, intensificar la prevención con campañas informativas a turistas y locales, y "barridos comunitarios" para "la búsqueda activa de casos asintomáticos", según la ministra de Salud, Ximena Garzón.

DEPENDENCIA DEL TURISMO

Ya sea de forma directa o indirecta, el turismo es la principal fuente de ingresos de los alrededor de 33.000 habitantes de Galápagos, un archipiélago a unos mil kilómetros del continente con trece islas mayores y nueve medianas, y que es la punta de lanza del sector gracias a su inigualable biodiversidad.

Esa fue una de las razones por las que las autoridades ecuatorianas completaron primero allí, hace unos meses, el proceso de vacunación.

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"Este año y medio de pandemia ha sido muy duro. Empezamos con el bloqueo total de Galápagos y, aunque ahora está incrementándose, vienen más a los cruceros. No está normalizado en un 100 % para nada", confirmó Jhosellyn Aguas, guía naturalista de la isla San Cristóbal, según la creencia, la primera en ser habitada por disponer entonces de agua dulce.

Para subsistir con un entorno familiar de diez personas, Aguas quemó "todos" sus ahorros, en un escenario -cuenta- en el que el "trueque", estilo de vida original hace algo más de un siglo, retornó a las Galápagos.

Tras un alivio progresivo en las medidas preventivas, en julio se registró una recuperación de más del 50 % en el ingresos de personas con respecto a tiempos prepandemia, algo más de 13.000 entradas en comparación con las 23.000 mensuales de 2019.

Pero se trata aún de una gota en un vaso de agua, pues los beneficios de ese turismo no se quedan en las Galápagos.

"Las estadísticas pueden ser ciertas, pero la verdad es distinta para todos. Es el (propietario del) barco (en el continente) el que se lleva todo, no la población", insiste Aguas.

Ello porque los pudientes turistas extranjeros, al aterrizar, son conducidos directamente a grandes cruceros, eludiendo en gran medida los negocios locales.

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La situación es generalizada porque, cuenta Aguas, "con la pandemia nos dimos cuenta que un 80 o 90 % de la población vive netamente del turismo o afines.

"Tal vez decían ¡Noooo, yo soy pescador, nada que ver con el turismo!... Pero el pescador da el pescado al restaurante que atiende al turista, que ya no estaba", sentencia.

BAJO RÉGIMEN ESPECIAL

El aporte de Galápagos al PIB nacional es casi diminuto pero, pero su renta per cápita es de las más altas del país y las islas son una fuente de divisa porque una parte de los turistas que llegan a Ecuador lo hacen a las llamadas "Islas Encantadas".

Descubiertas oficialmente, y de casualidad, en 1535 por el español Fray Tomás de Berlanga, arzobispo de Panamá, las islas han pasado por distintas etapas de explotación que mermaron su fauna y flora e introdujeron especies invasoras que hoy amenazan sus variados ecosistemas.

De ahí las severas restricciones para conservar esta exclusiva zona del planeta, con una de las reservas naturales marinas más grande del mundo y uno de los dos únicos archipiélagos cruzados por las línea equinoccial.

Imágenes sin fecha cedidas por Pelayo Salinas de la Fundación Charles Darwin de varios tiburones en las aguas de las islas Galápagos, entre ellos hembras de tiburón martillo.

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Bajo régimen administrativo especial, a las islas solo se permite el acceso de unas 200.000 personas al año, la radicación de población esta limitada y, también, el desarrollo de sectores que puedan afectar al medioambiente.

La vigilancia es también exhaustiva con todo lo que entra y sale de las islas, y una Agencia de Regulación y Control de la Bioseguridad (ABG) se encarga de impedir la entrada de especies invasoras y el tráfico de vida silvestre mediante el control de maletas y cargamentos, y su desinfección.

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Y es que aunque se trata de un destino notoriamente caro, el principal atractivo de las islas es precisamente su biodiversidad marina y terrestre.

"Hay un solo Galápagos, esa es su belleza. La vida silvestre, las especies endémicas, esa es la razón de venir aquí. Galápagos tiene tantas cosas para ofrecer, estar cerca de los animales de una manera que no puedes en ningún otro lado", declara a Efe Jeff Beek, un turista estadounidense de Seattle.

A Galápagos ha llegado con otros 28 familiares en un viaje de National Geographic aplazado una y otra vez por la pandemia.

Y que forma parte de la "bucket list (cosas por hacer)" de un abuelo de 93 años que arrastró a todos a un sueño que, ahora, los pobladores de Galápagos anhelan que se repita una y otra vez para empezar a salir del oscuro agujero económico en el que se encuentran.