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Fortalecimiento de la opera

Los abusos llevaron a la ópera barroca a una decadente popularidad, grotesca y ridícula. Fue presa fácil de la burla y sátira de los críticos. Charles Burney relata: “En Venecia hay una constante algarabía con gente bebiendo, riendo, bromeando, mientras vendedores de comida ofrecen a gritos sus ‘delicadezas’ de palco en palco”. Los “castrati” eran dictadores, cantando en una ópera su aria preferida de otra, cambiando el orden de las arias, cantándolas a su manera. Cantos en grupo o duetos de amor al unísono eran imposibles porque el castrado no permitía que esas “horrorosas” voces se mezclen con su voz única, maravillosa, excepcional y solo comparable a la de los dioses, voz a la que el público realmente había ido a escuchar. Pero esto iba a terminar con Christoph Willibald Ritter von Gluck nacido en 1714 en el distrito bávaro de Oberpfalz. Hizo el obligatorio periplo de los estudiantes de música a Italia y fue discípulo de Giovanni Battista Sammartini en Milán. Se estableció en Viena, capital de la ópera en lengua alemana.

Característico de la Ilustración era el deseo de representar la emoción de una forma más comprensible a las personas de sentimientos. Gluck había visto actuar en Londres a David Garrick, actor célebre por su capacidad para emocionar a sus auditorios. En Viena conoció a Angiolini, coreógrafo de ballet deseoso de promocionar el ballet “activo” frente a la antigua danza decorativa, y al poeta Raniero di Calzabigi, quien creía que la ópera debía construirse sobre la expresión natural de las emociones humanas en vez de las heroicas de la tradición de Metastasio. Había leído el libro de Francesco Algarotti que criticaba fuertemente los excesos de la ópera barroca.

En 1748 se descubren las ruinas de Pompeya y Herculano y de toda Europa acuden a observar su arquitectura, frescos y murales. El sobrio clasicismo choca contra la exuberancia y recargo del barroco que ya estaba en retirada y se acelera la tendencia neoclásica en las artes.

Habiendo cambiado el tratamiento de la ópera en Europa central, decidió hacer lo propio en París con el mismo éxito.

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