El FMI y la dolarizacion
La raíz del problema económico ecuatoriano reside en la forma como se financia el Estado y en la cuantía del gasto público. A partir de 2014, ante la caída del precio del petróleo, el gobierno anterior decidió endeudarse en forma agresiva, irresponsable y onerosa, y, aparte de ello, apropiarse en exceso de $8.000 millones de la reserva monetaria. Esa desaprensión la pagamos hoy los ecuatorianos con una economía que no crece, un fisco que consume pero que ha bajado considerablemente el ritmo de la inversión pública, con estadísticas desalentadoras del empleo, y una burocracia que atenta contra la competitividad. La calentura no está en la dolarización, y la eliminación del ISC es un requerimiento para alimentar la economía con inversión propia y extranjera. Es, finalmente, el gasto público el que pone presión sobre la balanza de pagos pues el consumo privado está erosionado.
El acuerdo con el FMI otorga flexibilidad que hoy es requerida, para atraer recursos en condiciones blandas de los multilaterales; permite, además, eventualmente retornar a los mercados de capital para reestructurar los pasivos en mejores condiciones. Está en manos del gobierno el lograr que las condiciones se cumplan y, no obstante los sacrificios previstos, lograr restaurar el optimismo de mejores días.