El final feliz

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El final feliz

Al lector la semana pasada, mi artículo le debe haber resultado desactualizado, dado la entrega de la donación por parte del Gobierno Nacional de la suma de seis millones de dólares para el salvataje del Hospital de Niños León Becerra de Guayaquil (HLBG). Como “la nobleza obliga”, debo aclarar que fue entregado, al igual que este, con varios días de antelación, ya que por programación ante los feriados se requiere que los artículos sean entregados máximo hasta el miércoles en la tarde, tal como sucede con el presente artículo.

En las líneas finales del artículo anterior, titulado Cuento de Navidad y Lenín Scrooge, desconociendo si el gobierno entregaba o no los fondos requeridos para el salvataje del hospital, dejando la posibilidad ambivalente, manifestaba: “...Dios quiera que cuando sea publicada la presente historia, el final de la misma coincida con el final feliz del cuento de Dickens...”. El final es de conocimiento público. El presidente Moreno cumplió su palabra, salvó la credibilidad en la misma, entregando los seis millones de dólares a través de sus delegados: el vicepresidente de la República, Otto Sonnenholzner; el secretario nacional de Planificación, José Agusto Briones, y la ministra de Salud, Verónica Espinosa, cerrando la historia con final feliz. Sin embargo, este nuevo año abre nuevas expectativas, a la espera de finales felices frente a las futuras elecciones seccionales, las que parecieran haber pasado a ser de mero trámite ante las elecciones presidenciales del 2021. Sostengo lo manifestado ante la carencia de presentación de programas de trabajo importantes para la comunidad, por parte de los candidatos a burgomaestres.

El sufragio inconsciente, convertido en apuesta “al caballo ganador”, o en el cadalso donde desfogamos odios y/o frustraciones contra tal o cual candidato o líder de partido, no ha dado buenos resultados; solo ha acarreado incompetencia, corrupción y mayores frustraciones.

Elevemos el debate, votemos a conciencia; escojamos al mejor y no al menos malo, si queremos en verdad, en la política, un final feliz.