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Feliz aniversario

La Ley de Arbitraje y Mediación cumple veinticinco años y, para proyectarse al futuro, el Centro de Arbitraje de la Cámara de Comercio de Guayaquil organizó un especial evento en el que los máximos exponentes de estas disciplinas, conocidas como métodos alternativos de solución de conflictos, pasaron revista a sus principales avances y desafíos.

Fue hace tanto tiempo que los tribunales se hicieron del monopolio para zanjar la mayor parte de los conflictos sociales, que esa historia ni se cuenta. Recién hace pocas décadas, junto al colapso del Estado de bienestar, ese monopolio comenzó también a colapsar.

A instancia de sus clientes, los mismos abogados empezaron a mirar con interés el caso natural en el que las partes involucradas lideran un arreglo que las deja satisfechas, zanjando sus diferencias sin depender de la autoridad estatal.

Hacia 1995, solo en EE. UU. se gastaban 300 billones de dólares anuales en juicios corporativos por reclamos ambientales, de calidad, malas prácticas, y otros. De allí proviene la omnipresencia que tiene hoy en gerencias, corredores de juzgado e incluso en facultades el dicho aquel de que es preferible la peor negociación que el mejor de los juicios. Recuperar el control de los conflictos ha permitido mejorar tiempos, aminorar costos y aprender sobre los procesos, particularmente de negocio, que pueden mejorarse.

Con la felicitación al Centro y a sus directivos, como a los árbitros, mediadores y abogados entendidos, aporto mi granito de arena al futuro de estas lides.

Tenemos que trabajar porque la teoría y práctica de la negociación, aquella disciplina en la que convergen todos los métodos alternativos de solución de conflictos, obtenga el espacio que le corresponde en universidades, empresas y gobierno. Una revisión rápida muestra que el pénsum de Derecho no se compadece con la máxima que sugiere negociar antes que litigar, ni con el efecto económico asociado.

No es solo un tema transaccional. Es perceptible en portadas y titulares: todos deberíamos aprender a negociar mejor nuestras diferencias, en lugar de encargárselo a terceros.