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Explosivo para un crater de un metro
Interceptación. Tres días antes de la explosión del destacamento de San Lorenzo, los terroristas ya intentaron hacer estallar el artefacto.

Utilizaron el explosivo más letal en una bomba diseñada para provocar el mayor daño posible. Un artefacto improvisado a bordo de un vehículo, detonado usando un sistema disparador eléctrico accionado a control remoto ocasionó la destrucción, en un 95 %, del destacamento policial de San Lorenzo en Esmeraldas. Es una de las conclusiones del informe que elaboró el Buró Federal de Investigaciones (FBI por sus siglas en inglés) de Estados Unidos luego del atentado del 27 de enero.
Los investigadores llegaron al país dos días después de la explosión que dejó al menos 28 heridos, 37 casas afectadas y una veintena de vehículos dañados.
Los expertos analizaron objetos recopilados en la escena del crimen. Detallan que los explosivos son una especie de materia capaz de experimentar una rápida reacción química, liberando volúmenes de energía en muy corto tiempo.
El tamaño de la bomba en esta explosión se estimó en aproximadamente entre 50 y 250 libras que fue colocada en una furgoneta marca Mazda. La destrucción que ocasiona una bomba de ese tamaño es capaz de provocar daños a la propiedad, lesiones personales y muerte, dice el reporte que se incorporó en abril al expediente fiscal que investiga asociación ilícita y terrorismo.
Los sospechosos son colaboradores de Walther Arízala, alias Guacho, disidente de las FARC que lidera el frente Oliver Sinisterra, responsable de atentados y secuestros como el del quipo periodístico de diario El Comercio y de una pareja.
Los expertos analizaron al menos 12 artículos recogidos en el sitio. Entre ellos unos trozos de plástico azul en donde identificaron restos del explosivo Tetranitrato de Pentaeritritol (PETN). La sustancia es considerada el detonante más energético y recalcitrante que se emplea en la actividad minera.
Previo a la llegada de los expertos del FBI los investigadores de la Policía ecuatoriana recuperaron componentes electrónicos, incluyendo restos fragmentados de un celular y de cables, recogidos a unos 30 metros del foco del estallido. También se recuperó una tarjeta SIM a unos 103 metros del cráter que formó la explosión.
Los miembros de la Unidad Antiexplosivos de Colombia que apoyaron la investigación, recoge el documento y ofrecieron una aproximación del cráter formado por la explosión: 4,8 metros de largo por 4,6 de ancho y 90 centímetros de profundidad.
En cuanto al destacamento de tres plantas construido de concreto, la estructura presentó grietas en la pared que apuntaban al cráter ubicado a 12 metros. Todos los vidrios del cuartel de frente al cráter estallaron.
Las construcciones de madera y bloque del frente de la Policía fueron destruidas por completo. Una vivienda que se encontraba a unos 230 metros del foco del estallido resultó con los vidrios rotos. El informe es firmado por Christopher Rigopoulos de la Unidad de Explosivos.
Además de la ayuda solicitada al FBI, la Fiscalía pidió asistencia penal a Colombia para obtener información relacionada con el GAOR Daniel Aldana y Oliver Sinisterra, disidentes de las FARC e información de Guacho y su estructura delictiva.
Llamadas
Minutos después del estallido, decenas de personas intentaron comunicarse con el ECU-911 para reportar la emergencia. Unos hablaban de que alguien había lanzado piedras a sus ventanas, otros decían que escucharon disparos y otros reportaban incendios. Todo en los alrededores del destacamento.
Sospechosos
Las interceptaciones telefónicas permitieron conocer que al menos media hora antes del estallido los sospechosos se comunicaban por teléfono celular para coordinar las últimas acciones previas al atentado. Ellos encontraron vía despejada para la explosión según se recoge en el expediente.