Expertos abren la tumba de Jesus

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Expertos abren la tumba de Jesus

Casi cinco siglos había permanecido sellada la tumba, santuario de cristianos de todo el mundo, en el interior de la basílica. Esta reapertura tuvo lugar, según fuentes del complejo religioso, el miércoles pasado.

Sacro. Vista de los trabajos en el sepulcro, que estuvo sellado 500 años.

Al caer la tarde, sin ceremonia ni publicidad, y con algunos representantes de las tres principales confesiones que guardan el Santo Sepulcro de Jerusalén (franciscanos, greco-ortodoxos y armenios), el equipo griego que está restaurando el complejo religioso retiró la pesada losa de mármol que cubre el lugar donde, según la tradición cristiana, fue enterrado Jesucristo.

Casi cinco siglos había permanecido sellada la tumba, santuario de cristianos de todo el mundo, en el interior de la basílica. Esta reapertura tuvo lugar, según fuentes del complejo religioso, el miércoles pasado.

Varios sacerdotes esperaban ese día con impaciencia en el exterior del edículo (el templete de mármol construido en 1810 para proteger el lugar). Entre ellos, el patriarca de la Iglesia greco-ortodoxa, Teófilo III, varios franciscanos, armenios y coptos, así como representantes de las familias musulmanas que desde tiempos otomanos custodian la llave del Santo Sepulcro. También había turistas que fueron testigos del histórico momento.

“Nos dijeron que durante algunos días no podríamos oficiar misa, pero el viernes por la mañana (ayer) yo ya lo hice con total normalidad”, confirma el padre franciscano Artemio Vítores, quien asegura que para entonces la lápida ya estaba en su lugar. De lo poco que trascendió, se sabe que los especialistas contaron con unas 60 horas distribuidas en diferentes días para realizar el trabajo y analizar la cavidad con instrumentos de última generación.

El arqueólogo Fredrik Hieberde detalló a la organización National Geographic (que tuvo la exclusiva) que se trató de un trabajo contra el reloj para explorar uno de los lugares que más misterio suscitan y para el que contaron con un potente georradar. Entre otras curiosidades, el aparato reveló que tras la gran capa de material de relleno que quedó al descubierto tras desplazar la losa de mármol, existe una segunda lápida grisácea con una cruz grabada sobre una superficie algo más blanquecina.

Bonifacio de Ragusa describió la apertura de la tumba en el siglo XVI. Según los historiadores de la época, sobre el enterramiento se encontró un trozo de madera que se dividió en tres partes: uno de los pedazos fue enviado al papa Pío IV, otro al emperador Carlos I de España y V de Alemania, y el tercero y último se conserva en Jerusalén en la Custodia Franciscana. De Ragusa explicó también que encontraron en la roca unos frescos que se desintegraron al entrar en contacto con el aire.

“Se ofreció a nuestros ojos el sepulcro del Señor de modo claro, excavado en la roca. En él vimos representados dos ángeles, uno de ellos con una inscripción que decía: ‘Ha resucitado, no está aquí’, mientras que el otro señalaba al sepulcro y proclamaba: ‘He aquí el lugar donde fue depositado’”. El País