Europa debe pensar por si misma
Donald Trump piensa que el orden mundial liderado por EE. UU. menoscaba los intereses de su país. Pese a los beneficios evidentes que le reporta a EE. UU., Trump está convencido de que el orden actual beneficia todavía más a China; y temeroso del ascenso de esta a la condición de nuevo polo del poder global, lanzó un proyecto de destrucción creativa para eliminar el viejo orden y establecer otro más favorable a EE. UU. Así, ha mostrado particular desdén por los aliados tradicionales de EE. UU., acusándolos de aprovecharse del sistema actual e interponiéndose en su carrera destructiva. Además, no tolera a los organismos multilaterales que fortalecen a países más pequeños y débiles en relación con el suyo. Ha dedicado la presidencia a debilitar instituciones como la OMC y a abandonar arreglos multilaterales como el Acuerdo Transpacífico (ATP), el pacto nuclear con Irán y el Acuerdo de París sobre el clima. Por ser conflictivo, a los otros países se les hizo difícil seguirle el ritmo y ha puesto en la mira directamente a la UE. Según Ivan Krastev, del Instituto para las Ciencias Humanas de Viena, la UE se enfrenta ahora a la posibilidad de convertirse en “guardián de un ‘statu quo’ que ha dejado de existir”. Por eso ha llegado la hora de que Europa redefina sus intereses y elabore una nueva estrategia para defenderlos. Debe pensar en sí misma. La UE tiene un claro interés en preservar el orden basado en reglas que Trump pretende derribar; y sus intereses en relación con Medio Oriente (Turquía) e incluso con Rusia, son cada vez más divergentes de los de Washington. Los europeos deben tratar de cooperar con EE. UU. siempre que sea posible, pero sin subordinar sus propios intereses. Invertir en autonomía militar y económica, no para romper con EE. UU., sino para cubrirse contra el abandono de este país a sus compromisos. Felizmente, ya hay en las capitales europeas un vigoroso debate sobre aumentar el gasto nacional de defensa al 2 % del PIB; y tanto el marco de Cooperación permanente estructurada (Pesco) de la UE, cuanto la nueva Iniciativa de Intervención Europea (EI2) del presidente francés Macron, son pasos en la dirección correcta. ¿Es posible extender la ‘force de frappe’ de Francia (de ataque nuclear y militar) para ofrecer al resto de la UE un elemento de disuasión creíble? En el frente económico, Europa enfrenta un dilema entre sus valores y sus intereses comerciales; y corre riesgo de volverse un enano económico. El hecho de que EE. UU. pueda amenazar con imponer sanciones secundarias a las empresas europeas que hagan negocios con Irán es profundamente preocupante. Con vista al futuro, la UE necesita mejorar su poder negociador frente a otras grandes potencias como EE. UU. y China; estar dispuesta a usar áreas de política distintas, y elaborar una estrategia de vinculación política con el mundo. El G7 en la última reunión en Quebec se mostró profundamente dividido. La conducta de Trump sorprendió tanto que altos funcionarios europeos ahora se preguntan si los aliados de EE. UU. deberían formar una alianza independiente de medianas potencias para no ser aplastados en el choque entre una China en ascenso y un EE. UU. en declive. Un nuevo G6 puede servir de defensa al sistema basado en reglas... Una posible respuesta sería imponer costos más altos a los países que se aparten del bloque en temas de política exterior; o invertir más en seguridad, para que incluso los países de la periferia perciban que debilitar la cohesión de la UE puede perjudicarlos. La UE necesita urgentemente recalcular su rumbo.