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Estatismo, economia y perdidas

Cualquier sociedad democrática considera necesario e importante la regulación del Estado en la economía. Pero más allá del control sensato se produce una patología económica: el estatismo. De esta política en América latina y Ecuador hay varios ejemplos. El más extremo está en Venezuela, con muestras de fracaso que la propaganda ideológica no puede ocultar.

En nuestro país en la década del 70 se dieron esos experimentos con resultados negativos. En la última década se volvió a este tipo de práctica con dos ilustrativos ejemplos: Tame y los medios de comunicación estatizados.

El caso de Tame es uno de los más evidentes ejemplos de cómo y cuánto una errónea política económica de “hipernacionalismo”, finalmente termina afectando las finanzas públicas, el presupuesto del Estado y al conjunto de la sociedad ecuatoriana. No se trata de satanizar a las empresas estatales. Tampoco de creer que la eficiencia, productividad y competitividad está solo concentrada en las compañías privadas. No es así. Pues en las distintas naciones del mundo hay muchas empresas estatales que son muestra de calidad, buena administración y posicionamiento productivo.

Sin embargo, los casos que en el país se pueden encontrar son muy pocos. En su gran mayoría los ensayos estatistas de las empresas de servicio público, generalmente tienen una larga historia de déficit, pérdidas e ineficiencia. No es solo Tame, son muchas las que pueden registrarse como ejemplos y pruebas de esa situación.

Pero el caso de Tame es emblemático. Tiene algunos años de continuas pérdidas y de un inadecuado manejo y funcionamiento administrativo. En agosto de este año se estableció que tiene un déficit de $ 194 millones, una deuda a largo plazo de $ 175 millones y $ 19 a corto plazo. El Estado le adeuda $ 8 millones. Venezuela le debe $ 6 millones. En tanto que en los medios públicos las pérdidas acumuladas son $23 millones: $17 millones en Gamavisión y $6 millones en TC.

Esta situación de tres empresas estatizadas dice a las claras que este nacionalismo económico le cuesta al país muchos millones de dólares. Por eso se hace necesario repensar si es conveniente persistir con esta política. El actual gobierno debe no solo poner orden en esto sino además replantearse esta línea de acción que solo arroja déficits y pérdidas.