Ante el espejo del FMI

Duelen las cifras de despidos en un país en el que la informalidad roza la mitad de los trabajos. La salida de miles de empleados públicos de sus puestos descorazona a la sociedad y angustia a las familias que dependen de ese sustento. Y también a las arcas públicas y a los negocios, pues menos trabajadores con puestos formales son menos contribuyentes y menos consumidores.

El doloroso ajuste, sincronizado con la llegada de un flujo ingente de millones desde el Fondo Monetario Internacional y otros multilaterales, pone inevitablemente a Ecuador ante un espejo. Por más que se vean grietas, el vidrio no está quebrado. Es la realidad a la que debe hacer frente el país. Eso incluye a todos. A los que pagan las consecuencias del despilfarro, a los que lo generaron y tratan de corregirlo y a los que esperan que el cambio de rumbo traiga, además de recortes, aire fresco para invertir y dar la vuelta a la inercia destructora lo antes posible. Los ciudadanos, las autoridades y los empresarios no deben caer en el error de mirar ese espejo sin buscarse sus propios errores.

El tiempo de esconder la cabeza bajo la tierra hasta que escampe ya pasó y nada evitó que la tormenta desplumase al país. Es la hora de enfrentar la realidad y hacerse responsable.

El acuerdo con el FMI, temido y negado durante meses, ha destapado la fórmula, que llega con recortes, con eliminación de gastos inabarcables para una economía del tamaño de la ecuatoriana y con un cambio de modelo. Se dijo en su día que solo venía en visita “protocolaria”. No se entiende que, a sabiendas de lo inevitable, se postergase el anuncio.

No hay nada peor en economía que la incertidumbre y ese ha sido el principal error en política económica de la era postcorrea. Se sabía lo que era necesario hacer, se intuía lo que terminaría pasando, pero todo se mantuvo en pausa hasta que se volvió impostergable.

Con un pacto sobre la mesa, ya no hay donde esconderse. La ruta está diseñada y, con más o menos disgusto, no queda más opción de aceptarla. Mejor será dar un paso al frente, averiguar hasta la letra pequeña de lo que está por venir y poder conocer de qué tamaño es el monstruo al que habrá que enfrentarse. Para eso está el espejo.