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Emociones
Volver a Buenos Aires siempre me provoca EMOCIÓN. Una ciudad siempre vibrante, con tanto que ofrecer, enriquecedora por doquier. El motivo ha sido ahora participar como expectadora de la cumbre política mundial, donde coinciden más de 2.500 personas de 19 países. Ha sido una sorpresa hallar aquí tantos ecuatorianos, no solo porque la próxima cumbre será en Quito en noviembre, sino porque está presente una especie de ilusión electoral por los próximos comicios que ponen al país en la disyuntiva de salir o no del socialismo del siglo XXI, proyecto político con el que se ha identificado a sí mismo el gobierno del presidente Correa.
Cuando busco en mi memoria el salto a la palestra de quien lleva ya nueve años en el poder, identifico claramente la EMOCIÓN que despertó aquel joven político, con una historia de vida extraordinaria, que anclaba la esperanza de un gobierno de manos limpias y corazones ardientes.
He puesto en mayúscula la palabra EMOCIÓN porque en una conferencia magistral de Antonio Sola (43, asesor político español) la he comprendido mejor, descubriéndola en el pasado, y ahora en una mayor dimensión, tras ser descrita de forma extraordinaria, profunda y hasta graciosamente y de cómo esa EMOCIÓN hospeda al voto en cada elección política.
De allí nacería el desafío de todo hombre o mujer que sueña con cambiar un país y requiere la estrategia de generar emociones, cruciales para la memoria de cada elector y que se convierten en el eje de su toma de decisiones.
De forma general, y no solo en las cuestiones políticas, “el 95 % de las decisiones que tomamos son emocionales”. La cifra es de Sola, respaldado por un equipo de analistas, sociólogos, antropólogos y otros estudiosos del comportamiento humano y de cómo hacer posible el anclaje de una idea que abarque consigo a un personaje.
Vi entre los asistentes al hermano mayor del presidente Correa, Fabricio, y empecé a preguntarme si entre esos hombres y mujeres que quieren cambiar el país, está él, Fabricio, quizá creyendo que hay oportunidad para otro Correa.
El expresidente Lucio Gutiérrez también participó en esta cumbre, al igual que otros acompañantes y asesores del Movimiento CREO del precandidato presidencial Guillermo Lasso. Sin duda, había otros, vinculados también a más grupos políticos que no pude identificar. Y con ellos, decenas de estudiantes ecuatorianos y periodistas, sin duda en mi mismo papel de aprender.
Conocí tanta gente interesante y genial, disfruté en las conferencias y aprendí, porque esa posición de alumno da a todos la oportunidad ser mejores, de enriquecernos con otras visiones y opiniones. Talvez, hasta se descubren razones para cambiar ciertas posturas en las que nos hemos mantenido. Talvez no.
En lo que no hay discusión alguna es en el espíritu generoso, culto y diverso de esta metrópoli del sur, donde los taxistas hablan de política como expertos, los caminantes conversan sobre fútbol cual directores técnicos, y los meseros sabiendo que eres de Ecuador te sirven también recuerdos de personajes idos (en el Piegari de Recoleta un salonero me ha hablado de León Febres-Cordero y de cómo lo atendió en la mesa). Se dan cuenta ahora de por qué empecé diciendo que volver a Buenos Aires me provoca ¡EMOCIÓN! Y sí, con mayúscula, ahora que he aprendido a entenderla mejor... Otros genios como Vincent Van Gogh ya lo sabían y el ejemplo es esta frase suya: “No olvidemos que las pequeñas emociones son los capitanes de nuestras vidas y las obedecemos sin siquiera darnos cuenta”.