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Emergencia sanitaria en Guayas

Pese a que la siempre agitada coyuntura política, o la también intranquilizante situación económica, sugerirían otros temas para su desarrollo editorial, conviene hoy no dejar de llamar la atención sobre la preocupante situación de la salud de la población en la provincia del Guayas.

El tema inquieta tanto a los sectores profesionales y académicos relacionadas con su cuidado y promoción que en algunos de ellos ha surgido la necesidad de plantear declararla en emergencia sanitaria.

Sin que hacerlo o no sea un motivo para entrar en debate, lo clave es empezar a dar los pasos requeridos para enfrentar como es debido una situación que pareciera se está saliendo de las manos de las respectivas autoridades.

Un reflejo de la magnitud de la crisis que se debe enfrentar lo otorga la reciente clausura del antiguo y paradigmático hospital neumológico, que honraba la memoria del distinguido médico guayaquileño Alfredo J. Valenzuela.

Los motivos de su cierre deberían producir al menos sonrojo en quienes permitieron y toleraron el deterioro que ahora da paso a su desaparición. Da también lugar a tener una mirada crítica de la calidad de las evaluaciones y los posibles sesgos en la búsqueda de las acreditaciones internacionales que algunas organizaciones internacionales con fines de lucro suelen realizar, al gusto de quienes las contratan.

Por lo demás, claramente han criticado los médicos especializados el modo en que se ha pretendido realizar el traspaso de los pacientes que el Valenzuela alojaba. Se informa que al respecto no se contó con un plan de contingencia y es además plenamente inconsistente trasladar tuberculosos a un hospital donde se tratan enfermos inmunodeprimidos.

En definitiva, cuando está próxima la estación invernal con todos los problemas de salud que suelen acompañarla, sirva la crisis hospitalaria que, entre otras de sus causas generales, involucra también a los actos de corrupción generados alrededor de las construcciones y sus contratos, con sobreprecios, sin la garantía de provisión de servicios básicos -tal cual agua potable- y ubicados en sitios sísmicamente inadecuados.

Si sumamos a lo señalado el gran azote de las drogadicciones, cada vez creciente, pareciera que decretar a la provincia del Guayas en emergencia sanitaria se vuelve indispensable, urgente.