El ejemplo admonitorio de Italia

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El ejemplo admonitorio de Italia

El ejemplo admonitorio de Italia

Como hogar tanto del Imperio Romano como del Renacimiento, Italia ha estado durante mucho tiempo a la vanguardia de los desarrollos culturales en Europa y Eurasia occidental. Pero también ha servido como ejemplo de decadencia política. El clásico de Edward Gibbon Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano estaba pensado como una advertencia para los contemporáneos con veleidades imperiales del autor. El estancamiento económico de Italia después de principios del siglo XVII también fue considerado un ejemplo admonitorio. Luego llegó el período posterior a la II Guerra Mundial, cuando Italia era el ejemplo modelo de la integración europea productiva. El país desarrolló un estilo cultural que sigue siendo extraordinariamente influyente hoy, particularmente en el terreno de la moda, donde es un marcador de tendencia global. Pero ahora Italia se ha convertido una vez más en un ejemplo admonitorio. Desde su elección general en marzo pasado, la escena política del país ha fascinado y horrorizado a los observadores internacionales. La formación de un gobierno populista de izquierda y de derecha ha llevado a muchos a preguntarse si una coalición de estas características es una casualidad o un síntoma de la bancarrota política e intelectual de la globalización neoliberal. Suele decirse que la divergencia de Italia con respecto al resto de Europa (en términos de ingreso per capita) comenzó con la ratificación del Tratado de Maastricht en 1993 o con la adopción del euro en 1999. Pero esta cronología oculta una transformación más profunda en la Italia moderna. Los primeros años de la década de 1990 también fueron los años en que el antiguo sistema bipartidario de Italia se desintegró, y tanto los demócrata-cristianos de centroderecha como los socialistas de centroizquierda sucumbieron al escándalo de corrupción Tangentopoli (la ciudad de los sobornos). Detrás de los titulares sobre corrupción estaba el hecho de que las ideas más antiguas sobre una responsabilidad compartida ya no aplicaban. La revolución política de Italia no se debió a la casualidad, sino a acontecimientos sociales específicos que se remontan a lo que los italianos llaman los “Años de Plomo” de la década de 1970. Ese período y sus implicancias para el presente son el tema de La scuola cattolica, una novela extensa, sinuosa pero increíblemente exitosa de Edoardo Albinati, que se publicará en inglés este año. En el mundo que describe Albinati, el dinero asume una importancia especial. La extensión de nuevas libertades a una clase más amplia de personas sugiere que todo es posible, pero sólo si uno tiene los medios. Albinati admite, a regañadientes, que las “esporas del marxismo” lo han llevado a esta conclusión. Pero de todas maneras resulta inevitable: el dinero crea la ilusión de más libertad y así, cada vez más, pasó a definir el mundo moderno. Si bien la novela de Albinati está ambientada en Italia, gira en torno de ese mundo, y deja abierto el interrogante de si puede haber alguna escapatoria de la búsqueda descontrolada del beneficio personal que sirve de base para el malestar social y político que prevalece hoy en día. El Imperio Romano era irrecuperable después de su caída, y a la Península Italiana le llevó casi mil años redescubrir su herencia clásica. El mensaje de Albinati, que merece ser tomado en serio, es que generar un nuevo Renacimiento hoy exigirá desmitificar el culto de la libertad y fortalecer normas de responsabilidad compartida en la política, la economía y la vida social.

Como hogar tanto del Imperio Romano como del Renacimiento, Italia ha estado durante mucho tiempo a la vanguardia de los desarrollos culturales en Europa y Eurasia occidental. Pero también ha servido como ejemplo de decadencia política. El clásico de Edward Gibbon Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano estaba pensado como una advertencia para los contemporáneos con veleidades imperiales del autor. El estancamiento económico de Italia después de principios del siglo XVII también fue considerado un ejemplo admonitorio. Luego llegó el período posterior a la II Guerra Mundial, cuando Italia era el ejemplo modelo de la integración europea productiva. El país desarrolló un estilo cultural que sigue siendo extraordinariamente influyente hoy, particularmente en el terreno de la moda, donde es un marcador de tendencia global. Pero ahora Italia se ha convertido una vez más en un ejemplo admonitorio. Desde su elección general en marzo pasado, la escena política del país ha fascinado y horrorizado a los observadores internacionales. La formación de un gobierno populista de izquierda y de derecha ha llevado a muchos a preguntarse si una coalición de estas características es una casualidad o un síntoma de la bancarrota política e intelectual de la globalización neoliberal. Suele decirse que la divergencia de Italia con respecto al resto de Europa (en términos de ingreso per capita) comenzó con la ratificación del Tratado de Maastricht en 1993 o con la adopción del euro en 1999. Pero esta cronología oculta una transformación más profunda en la Italia moderna. Los primeros años de la década de 1990 también fueron los años en que el antiguo sistema bipartidario de Italia se desintegró, y tanto los demócrata-cristianos de centroderecha como los socialistas de centroizquierda sucumbieron al escándalo de corrupción Tangentopoli (la ciudad de los sobornos). Detrás de los titulares sobre corrupción estaba el hecho de que las ideas más antiguas sobre una responsabilidad compartida ya no aplicaban. La revolución política de Italia no se debió a la casualidad, sino a acontecimientos sociales específicos que se remontan a lo que los italianos llaman los “Años de Plomo” de la década de 1970. Ese período y sus implicancias para el presente son el tema de La scuola cattolica, una novela extensa, sinuosa pero increíblemente exitosa de Edoardo Albinati, que se publicará en inglés este año. En el mundo que describe Albinati, el dinero asume una importancia especial. La extensión de nuevas libertades a una clase más amplia de personas sugiere que todo es posible, pero sólo si uno tiene los medios. Albinati admite, a regañadientes, que las “esporas del marxismo” lo han llevado a esta conclusión. Pero de todas maneras resulta inevitable: el dinero crea la ilusión de más libertad y así, cada vez más, pasó a definir el mundo moderno. Si bien la novela de Albinati está ambientada en Italia, gira en torno de ese mundo, y deja abierto el interrogante de si puede haber alguna escapatoria de la búsqueda descontrolada del beneficio personal que sirve de base para el malestar social y político que prevalece hoy en día. El Imperio Romano era irrecuperable después de su caída, y a la Península Italiana le llevó casi mil años redescubrir su herencia clásica. El mensaje de Albinati, que merece ser tomado en serio, es que generar un nuevo Renacimiento hoy exigirá desmitificar el culto de la libertad y fortalecer normas de responsabilidad compartida en la política, la economía y la vida social.