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EE.UU. vs el mundo: 6 claves
Ecuador. Lo riesgos están asociados más a la apreciación del dólar y la caída del petróleo, que a una guerra arancelaria

1) Donald Trump avisó que iba a ser un ‘perturbador’ mundial
No hay tiempo para lamentos. Ya está en carrera la batalla comercial de consecuencias incalculadas para la economía mundial. Y nadie podrá decir que no estuvo sobre aviso. Guerra avisada no mata gente.
A poco de año y medio desde su arribo a la Casa Blanca, nadie puede decir que Donald Trump no avisó. Reducir el déficit en el intercambio con China era una de sus principales obsesiones desde su precampaña y ha iniciado una guerra comercial para conseguirlo: en abril pasado impuso aranceles para el acero y el aluminio que, aunque cautelosa, ha tenido una reacción de China.
Trump es un perturbador. Lo ha hecho a la OTAM, a México, a Canadá, a China, a la Unión Europea, a Corea.
Aunque Trump despotrica de las injustas prácticas comerciales de otros países -una queja que tiene algo de validez en el caso de China, aunque prácticamente ninguna en el de Canadá o la UE- no ha hecho ninguna petición coherente, dice Paul Krugman, premio Nobel de Economía. Es decir, no ha dado ninguna indicación de lo que cualquiera de los países afectados por sus aranceles podría hacer para satisfacerlo, lo que no les deja más opción que la de tomar represalias. Represalias peligrosas para una economía mundial que tiene un frente abierto en el sector petrolero y en los países de Sudamérica, con escasas posibilidades de sanear sus economías (Ecuador, Argentina, Venezuela, Brasil) arrasadas por el socialismo del siglo XXI y la corrupción.
2) Destruir el sistema establecido es el objetivo
Todas las instituciones que Donald Trump intenta destruir se crearon bajo el liderazgo estadounidense después de la II Guerra Mundial, indica Paul Krugman. Fueron años de una habilidad política épica -los años del bloqueo de Berlín y del Plan Marshall- en los que EE. UU. demostró su verdadera grandeza. Después de ganar la guerra optó por no comportarse como un conquistador y sentar, en cambio, las bases de una paz duradera. El Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio firmado en 1947 (ahora OMC) no pretendía otorgar una posición privilegiada para EE.UU., sino crear las reglas del juego para fomentar la prosperidad en el mundo. La OTAN (1949) no pretendía asegurar la hegemonía estadounidense, sino un sistema de responsabilidad mutua que animaba a sus aliados y también a los enemigos derrotados a considerarse iguales a él a la hora de preservar la seguridad mutua.
3) Cuando se den cuenta puede ser demasiado tarde
¿Habrá algo que frene los instintos destructivos de Trump? Se podría haber pensado que el Congreso establecería algunas limitaciones. Pero no. O también que las grandes empresas, que están muy involucradas en el orden mundial protestarían de manera eficaz. Hasta el momento, han sido inefectivas. Y aunque los rumores de una guerra comercial provoquen a veces turbulencias en el mercado bursátil, los inversores no se lo están tomando en serio: creen que Trump fanfarroneará y tuiteará durante un tiempo y que luego aceptará algunos cambios políticos superficiales y dirá que es una victoria. Pero ese tipo de resultado benigno parece cada vez más improbable, porque Trump no aceptará un sí por respuesta. No quiere que las negociaciones de EE.UU. con sus aliados y socios comerciales lleguen a buen puerto, sino que quiere que fracasen y cuando todo el mundo se dé cuenta de esto puede que el daño sea irreversible.
4) China, primero en sufrir las consecuencias
Tras un primer año Trump dio el primer paso el 22 de enero, cuando impuso aranceles del 30 % a la entrada de paneles solares. Más allá de ser un guiño a favor de los combustibles fósiles y en contra de la lucha contra el cambio climático, fue un mensaje a China, el principal productor.
Empresas estadounidenses operan en China y firmas chinas operan en Estados Unidos, y todas están vinculadas en sus cadenas. La siguiente jugada la realizó el 1 de marzo, anunció aranceles del 25 % a las importaciones de acero y del 10 % a las de aluminio. Suavizó sus palabras y ya no trata a China de enemigo, pero es la medida más fuerte que tomó hasta el momento. Sobre todo porque es uno de los principales productos de exportación del país asiático.
5) China, cautelosa, pero no tanto
Tras semanas de dudas el presidente chino Xi Jinping impuso aranceles a productos estadounidenses por $ 3.000 millones. Dejó en claro que tiene muchas otras medidas preparadas en caso de que continúe la escalada.
Los chinos estuvieron bastante contenidos hasta ahora, señala el portal Infobae. La decisión de aplicarle tarifas al cerdo es interesante: el productor porcino más grande de China es dueño de Smithfield, que es el principal de EE.UU. Eso muestra cuán complejos pueden ser los aranceles en la era de la globalización. Empresas estadounidenses operan en China y firmas chinas operan en Estados Unidos, y todas están vinculadas en sus cadenas de suministro”, dijo a Infobae Lori Leachman, profesora de la Universidad Duke, en Carolina del Norte.
6) En riesgo el control de la OMC
“Mi mayor preocupación no es que haya una guerra comercial, sino lo que todo esto implica para la viabilidad del sistema mundial de comercio, que está corporizado en la OMC. Desde su creación en 1995, casi todas las disputas comerciales se resolvieron a través de esta organización, lo que permitió reducir el daño causado. Las acciones de Trump nos retrotraen al período de los años 80 en el que los diferendos se resolvían por fuera del predecesor de la OMC, el GATT. El resultado era que países grandes y poderosos obtenían lo que querían a través de amenazas e intimidaciones. Si muchas naciones dejan de respetar a la OMC el mundo del comercio será más caótico y peligroso de lo que debería”, señala Alan Deardorff, de la Universidad de Michigan.