El Ecuador primero

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El Ecuador primero

Desde el 24 de mayo, y luego de la posesión de Lenín Moreno, el escenario político se ha tornado sumamente dinámico. Hasta esa fecha, el hecho protagónico estaba constituido por la presencia de Correa y por una sensación de cansancio y hastío social. Luego, en cambio, la figura del expresidente se redujo a sus cientos de furiosos tuits, su imagen se contrajo a escasas publicaciones de prensa, y el cansancio colectivo pasó a convertirse en tranquilidad y hasta en confianza en el proceder del nuevo jefe de Estado. Observamos, en consecuencia, que la predicción de que Correa se retiraría por un tiempo para volver como el salvador de un país en crisis se ha ido diluyendo hasta encerrarse, como tema motivador, apenas entre las cuatro paredes de su partido.

En la colectividad cobran ahora forma otros hechos y posibilidades, y se generan expectativas que rebasan ese anquilosado espacio en que se mueven los intereses del correísmo. Lo ocurrido con motivo del aniversario de la fundación de Guayaquil, por ejemplo, al darse el encuentro entre el presidente y el alcalde Nebot, y sellarse el compromiso para juntos enfrentar problemáticas preocupantes, significa un acontecimiento que abona en la legitimidad gubernamental, abre perspectivas de avance en varios campos y, sobre todo, demuestra que se consolida una fuerza de notoria incidencia, y con arraigo nacional y regional incuestionable.

En esas circunstancias, ante la urgencia de ejecutar los cambios fundamentales que el Ecuador exige, se convierte en una tarea irrenunciable la batalla en contra de la corrupción y de los corruptos todavía incrustados en el aparato estatal, a fin de avanzar en la recuperación integral del país.

Si el Gobierno valora, como debe ser, lo favorable del momento social que vivimos, esa patriótica cruzada podría definirse en beneficio de los altos intereses nacionales. Y es que estos, más allá de las aspiraciones político-partidarias van copando la atención de la ciudadanía y ubicándose como objetivos urgentes e improrrogables.