Industria láctea+paro
Los atajos. Transportar la leche se convierte en toda una odisea. La que logra arribar a las plantas lo ha hecho transitando por caminos de tercer orden o chaquiñanes (caminos rurales).Fotos: cortesía

Millones de litros de leche se botan sin llegar a las industrias y los hogares

Las fábricas bajan su capacidad de producción entre un 50 % y 90 %. El bloqueo de vías impide la distribución de productos y la movilidad de los trabajadores

El arribo de derivados lácteos a las perchas de los supermercados de las principales ciudades, incluida Guayaquil, sigue siendo nulo o intermitente. Esto porque, hasta ayer, las principales empresas proveedoras, no solo de leche sino de queso y yogur, siguieron operando a la mitad de sus capacidades.

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Son plantas procesadoras que están principalmente en el norte y centro del país, donde las carreteras han sido escenario de bloqueos que impiden el arribo de tanqueros de materia prima u obstruyen la distribución de productos terminados.      “Nosotros no estamos recibiendo 50.000 litros diarios de leche (el 50 % de lo que procesaban antes del paro), eso representa $ 50.000 que se dejan de vender”, contaba ayer Diego Escudero, gerente general de La Holandesa, una de las principales firmas lácteas que existen en el país. Eso, explica, ha llevado a limitar su capacidad de producción de quesos. En el caso del yogur, que también procesan, no han tenido mayor inconveniente, pero teme tener problemas si su stock de envases se sigue reduciendo. “Nuestro proveedor está en Cotopaxi, pero si en estos días no logran llegar, la próxima semana ya no tendríamos cómo envasar unos 10.00 litros semanales”.

La menor cantidad de materias primas ha hecho que esta fábrica trabaje entre el 70 y      60 % de su real capacidad y que deba limitar también su oferta de productos. “Nuestro foco ahorita son los quesos de mayor demanda, sobre todo los frescos, el mozzarella. Si hay más capacidad, hacemos los rebanados, pero maduros ahora hemos dejado de hacer porque no amerita. Son los más costosos”, señala.

Desde el Centro de la Industria Láctea (CIL) dimensionan estos efectos sacando a relucir las    pérdidas acumuladas a nivel nacional. La leche cruda que no se ha podido recoger en estos días bordea ya los 15’105.000 litros, lo que impacta directamente a más de 270.000 ganaderos en todo el país e implica una pérdida de más de $ 23,9 millones para todos los integrantes de la cadena, desde el productor hasta el distribuidor final, dice Rodrigo Gallegos Riofrío, director ejecutivo del gremio, quien enfatiza que el impacto mayor lo están recibiendo los pequeños productores. “Se está afectando su sustento diario”, recalca.

Pero no es el único pedido. Sin insumos no se hace nada, sostiene Escudero, pero tampoco sin la mano de obra que se requiere para procesar los alimentos. Solo en la planta La Holandesa normalmente trabajan 150 colaboradores. Todos han tenido dificultades para llegar a laborar, pero el    50 % de ellos ni siquiera han podido llegar al lugar en estos día de paro. “La semana anterior tuvimos que alquilar un hostal para que un equipo pueda pernoctar, porque no podían llegar a su casa”, dijo.

El mismo problema lo tienen fabricantes menores, como la planta industrial Olivos Gaitán, ubicada entre Quito y Cotopaxi, de donde salen los lácteos bajo la marca El Caserío. “Somos 22 empleados, pero están llegando la mitad.    Nos han cerrado las vías en Tambillo, la curva de Santa Rosa”, cuenta Leonardo Baños, gerente de planta de la firma. “De ahí se explica por qué los supermercados   están desabastecidos    del queso fresco, del mozzarella, del queso crema, el holandés... todo lo que producimos”.

Antes del paro, a este lugar    arribaban entre 8.000 y 6.000 litros diarios. Ahora, con la paralización, apenas les está llegando la mitad.    “Si nos piden 2.000 unidades de queso, no estamos alcanzando a producir más allá de 1.100 o 1.200. La demanda no se está cubriendo”.

Lo que logran procesar se entrega a autoservicios, pero no a todos. “No hemos podido entregar a      supermercados como Tía, por ejemplo, porque    tienen su centro de distribución en Calacalí. De aquí de Machachi (donde están) a Calacalí, sin exagerar, tenemos como 15 cierres. Por eso a ellos no les estamos entregando nada desde hace 12 días, y    por eso es que nuestros productos tampoco están llegando a Guayaquil”, explica. El producto que se queda en planta lo están almacenando en las cámaras de refrigeración. Y aunque lo hacen rotar para evitar pérdidas, la estrategia tiene un límite si la fecha del alimento está por llegar a su vida útil.

Gallegos señala que el efecto para las empresas varía según su zona geográfica y de acopio de leche. Las más golpeadas están en Pichincha,    Cotopaxi,    Tungurahua,    Imbabura, Carchi, Azuay donde la afectación puede alcanzar hasta el 90% de su actividad. “ Otras ubicadas en la Costa tienen problemas de abastecimiento y su afectación podría estar en el orden del 70%”. 

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Los actores de este sector exhortan a las movilizaciones indígenas a flexibilizar la protesta y a permitir el paso de vehículos que transportan leche cruda y productos, para que la    producción no se detenga y que la leche no se desperdicie. En eso también concuerda Baños, quien relata lo complicado que se ha vuelto el proceso de recepción de la poca leche que arriba. Esta debe pasar    por un proceso minucioso de inspección.

“Toca endurecer los controles, porque si está mala (la leche), toca rechazarla.    El tanquero, por más refrigerado que sea, por más agitación que tenga el producto, no puede    mantener    la leche mucho tiempo y bajo el sol. Ahora mismo un tanquero que estoy esperando y que tenía que venir desde Lasso (Cotopaxi) tiene cinco horas parado”, indicaba la tarde del pasado martes.