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La droga ingresa al colegio camuflada en fruta y verdura

Estudiantes evaden, con este método, los controles para poder consumir los estupefacientes dentro de los planteles educativos. Se agudiza en la universidad.

La droga ingresa al colegio camuflada en fruta y verdura

Ana es docente en un colegio de Guayaquil. Lleva menos de un año laborando como profesora de Literatura, pero en ese corto tiempo ha logrado una gran empatía con sus estudiantes. Esto le ha permitido conocer las ‘modalidades’ por las que optan ciertos alumnos para consumir drogas dentro de las aulas, sin ser descubiertos.

La maestra intenta no escandalizarse -y prefiere no publicar su nombre completo- para no perder la confianza de los colegiales, en edades de entre 12 y 14 años. Ana procura atender a los 40 menores que están a su cargo, desde los que siempre llegan puntuales y cumplen con las tareas, hasta los que están en la institución con condicionamientos.

“No es un colegio problemático, es estricto en cuanto a la disciplina; por eso, escuchar estas historias me sorprendió”, dice la profesora. Y es que, precisamente, el colegio donde trabaja mantiene normas rigurosas con respecto al consumo de drogas dentro de la institución. Antes eran notorios los casos de consumo, por el olor que se impregna en las manos y cuerpo de los adolescentes, quienes consumen ya sea marihuana, ‘H’ u otro estupefaciente.

Sin embargo, los estudiantes no han dejado sus vicios, simplemente han encontrado una nueva modalidad para consumir: a través de frutas o vegetales.

¿Cómo lo hacen? A una manzana, por ejemplo, le hacen un orificio con una esferográfica o palillo de chupete, para introducir el envuelto o el cigarro de marihuana u otro tipo de estupefaciente.

Con este trabajo de corto tiempo, los menores forman una especie de pipa con la que fuman sin que el olor y lo que consumen salga de la fruta. Además, no queda impregnado en las manos del estudiante, ni en el ambiente. Solo se percibe el aroma de la manzana, pera, naranja, toronja o limón que utilizan en sus consumos.

Una vez que terminan el consumo, las frutas o vegetales no se desechan. Los alumnos afirman que la consumen como parte del ‘break’, del recreo.

Ana no es la única docente que lo sabe. Dice que hay más profesores que se han dado cuenta, pero callan. Es un secreto a voces.

A finales de julio, el Comité Interinstitucional de Drogas reveló que había identificado 17 colegios de Guayaquil donde el consumo de sustancias estupefacientes y psicotrópicas es grave.

Una encuesta realizada por la Secretaría Técnica de Drogas (Seted) detectó que el grupo con mayor problema de consumo de drogas, son los jóvenes que tienen baja autoestima y que no sienten atención por parte de sus padres. Una situación por la cual, por un lado, se buscó llegar directamente a los adolescentes afectados por el consumo, especialmente la ‘H’.

Pero hay otras instituciones donde el problema empieza a visibilizarse, como en la Universidad de Guayaquil.

Otto Villaprado, vicerrector de Bienestar Estudiantil, admite su preocupación sobre la venta y consumo de estupefacientes dentro de la institución con mayor estudiantado en el país.

Señala que es un problema que recién están enfrentando. “Lamentablemente existe la venta de estupefacientes, el personal de seguridad corrobora esa información”, asegura.

A él han llegado casos de estudiantes con efectos de consumo, que han requerido ayuda inmediata en el Departamento de Bienestar Estudiantil.

El vicerrector afirma que ha conversado con algunos padres, quienes preocupados han acudido a su oficina para pedirle que ayude a sus hijos.

Por lo pronto, les ha ofrecido el servicio que brinda la Dirección Integral de Atención, que es el bienestar estudiantil, o les ha sugerido acudir al CDID (Centro de Docencia e Investigación para el Desarrollo Humano y el Buen Vivir), anexo a la facultad de Psicología.

El DBE está preparando un informe completo para determinar los puntos de comercialización de droga dentro de la Universidad de Guayaquil. Uno de los puntos identificados por las autoridades es el parque lineal que está a orillas del estero Salado, donde termina la ciudadela universitaria.

Según Villaprado, los vendedores son personas de afuera y en ciertos casos estudiantes de la misma universidad.

La venta y consumo de drogas es corroborada por estudiantes de la institución. Claudia, que prefiere no dar su apellido, es alumna de quinto semestre de Ingeniería. En su salón ha identificado a un par de compañeros que, en ocasiones, entran a recibir clases con olor a marihuana.

El doctor Carlos Ruiz, quien labora en DBE y que ha atendido a ciertos estudiantes con efectos de consumo, dice que la Universidad en conjunto con la Seted y el Ministerio de Salud trabajaron entre mayo y julio en siete actividades de concienciación dirigidas a los 68.000 estudiantes.

El deporte para evadir el vicio

Ante el consumo y venta de estupefacientes, las autoridades implementan, cada vez más, medidas tanto preventivas como represivas.

A ellas se han sumado organizaciones particulares y grupos sin fines de lucro, que buscan aportar para superar ese gran problema.

Es el caso de la organización The Rolling Stones, una agrupación de jóvenes y adultos que presentaron el pasado domingo un plan piloto de un centro de integración para los jóvenes de la calle. El evento se realizó en el Parque Samanes, en el norte de Guayaquil.

El proyecto consiste en fomentar el deporte para reemplazar la idea de consumo de drogas y actos delictivos.

El objetivo es lograr que más jóvenes y adolescentes realicen acciones recreativas, buenas para la salud y se olviden de la sustancia que los mata lentamente.

Es una iniciativa que es desplegada también por la Secretaría de Drogas en unidades educativas y barrios.