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Dos puentes que desunen
Estas moles de concreto debían usarse en la construcción de un parque lineal que edificaría el Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda (Miduvi); pero como no había coordinado con el Cabildo y no tenía permisos para poner la obra en pie, la dejaron i

Son dieciocho. Están amontonadas a la orilla del estero Salado, de lado de Las Malvinas, en Esmeraldas Chiquito, justo donde termina la Ernesto Albán, una avenida que se estrecha hasta desaparecer en un canal negruzco, para dar paso al Salado.
Estas moles de concreto debían usarse en la construcción de un parque lineal que edificaría el Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda (Miduvi); pero como no había coordinado con el Cabildo y no tenía permisos para poner la obra en pie, la dejaron inconclusa, en medio de basura, drogadictos y rumores sobre el futuro, que no agradan a quienes viven allí.
Estos susurros sobre el mañana que rondan el sector son reales. Justo en este lugar, el próximo año se construirá un puente que conectará el barrio con Nigeria, una de las zonas más conflictivas del sur de Guayaquil. Los vecinos, simplemente, piden que no se haga.
Pero no les basta con hacerlo saber a EXPRESO, que llegó allí la mañana de ayer. Lo han expuesto en plantones y hasta en gigantes mensajes escritos a mano sobre los andamios de cemento que dejó abandonados el Miduvi: “No al puente”, “Quieren parque”, se lee en letras negras.
La resistencia la acentúa el miedo a la delincuencia, a los delitos, famosos al otro lado de la orilla, que casi a diario protagoniza titulares de muerte, tráfico de drogas y robos.
Jorge Luis Mora tiene una tienda en el lugar. Hace no más de dos semanas fue víctima de un asalto a mano armada. No tiene idea de quiénes eran, pero está seguro de que “del barrio no son”. Genaro Zumba secunda su afirmación. Dice conocer que hay pillos que cruzan en canoa desde “el otro lado”, como le dicen a la casi innombrable Nigeria.
¿Tan terrorífico es? Roger Anchico tiene un negocio a la orilla del Salado. Por 25 centavos traslada a más de un centenar de personas a diario, desde Nigeria hasta Esmeraldas Chiquito. Se muestra conciliador. Piensa que aunque muchos crean que cruzarán delincuentes cuando esté listo el puente, familias enteras se beneficiarán del nuevo paso.
Uno de los líderes barriales de Esmeraldas Chiquito es Mauro Llamuca. No está en contra del puente, pero tiene prioridades que están en línea con las de la mayoría de moradores. Lo que necesitan es un parque.
“No podemos discriminar a nadie. Todos tenemos derecho a que nuestra vida mejore. Si llega a haber un puente aquí, no importa, pero más que un puente necesitamos un espacio recreativo. No hay parques, no hay canchas. Los niños no tienen áreas de esparcimiento y lidian a diario con la delincuencia y la drogadicción. Miren esa obra, quedó en nada. Es una falta de respeto... Parece que, solo por vivir en un sector marginal, no le importamos a nadie”, se desahoga.
Peter Grueso coincide con él. Recuerda que antes de que el Miduvi dejara las moles de concreto al pie del Salado, justo allí había una cancha de vóley... Ahora, ni eso. El escenario, por ratos, se torna deprimente. Hay drogadictos en la zona y usan el lugar como dormitorio, aseguran.
El director de Obras Públicas del Municipio, Jorge Berrezueta, quien admitió que en breve terminarán los estudios de ambos pasos, justificó la creación de estos y recordó que lo que respecta a la inseguridad le corresponde a la policía. Mientras que sobre las piezas de concreto abandonadas de la obra anterior, resaltó que debe retirarlas el Miduvi.
A cinco minutos de Las Malvinas está Claveles. Otra área con similar problema y temor. Allí sí tienen un parque lineal. En frente queda el no menos peligroso barrio Chicago.
“Si hay puente, seguro esos hombres que ahora están abajo del malecón, al otro lado, cruzarán a robar o, peor, a meterse a nuestras casas”, teme María Cedeño, quien vive en el lugar desde hace tres años. Su vecino, Mario Angulo, en cambio cree que muchos podrán ahorrar camino usando la Ernesto Albán.
Sobre este tema, “hace falta un completo análisis técnico de las zonas. Estos dos puentes pretenden descargar tráfico a la Ernesto Albán. ¿Van a meter transporte urbano? ¿Cómo, si no hay condiciones técnicas?”, cuestiona el edil Gustavo Navarro de Alianza PAIS.
Se supone que estos puentes, agrega, serán una solución vial para los sectores donde se ubican, pero hay un detalle importante: las cuatro orillas comprometidas son sumamente complicadas e inseguras.
Berrezueta se defiende. “Cuando hicimos el puente de Las Monjas, igual reclamaron, pero mientras más conexiones haya será mejor el descongestionamiento. Mientras más comunicación, mejores condiciones para los moradores”.
Los robos existen en todos lados, apunta el director de Obras Públicas. “Decir que el puente servirá para que crucen delincuentes es algo muy fuera de lugar”, opina.
Otro de los temores cuando empezaron a escucharse los rumores de la obra era que debían expropiarse algunas propiedades. Pero esto no se hará, según Navarro.