Don Juan de Mozart

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Don Juan de Mozart

Hasta la ópera de Mozart, Don Juan siempre fue un villano. El Tenorio de Tirso es un hombre que goza deshonrando a las mujeres, haciéndose pasar por otro y formulando falsas promesas. El héroe de Moliere es un hidalgo que rechaza la sociedad del dinero y del interés; proclama su falta de moralidad como inspirado por el demonio. Las mujeres le interesan como género y rehúsa someterse a una sola de ellas. La ópera de Mozart abrió el camino para una reinterpretación de Don Juan. Los escritores Románticos vieron a Don Juan como una especie de héroe, el hombre que no conocía el sentimiento de culpa. Don Juan, para estos escritores, era un hombre admirable por su fuerza de carácter, por hacer caso omiso de las convenciones sociales, y la imposibilidad de ser confinado o limitado. Como amante estaba siempre en busca de la mujer perfecta; su gran angustia y desgracia es que nunca la hallaría y debería seguir su búsqueda y contentarse con pálidos ejemplares de imperfectas mujeres.

En realidad, este seductor no logra llevarse a la cama a ninguna de las mujeres que aborda en la ópera. El Don Juan de Da Ponte nos lleva al colmo de la mitomanía y del gusto por el disfraz y el embrollo. El dinamismo de la farsa es constante y resulta cómico. La tragedia solo se presenta cuando, al principio y al final de la historia, se muestra la muerte en la figura del Comendador, asesinado en la primera escena y resucitado en las finales. Tenemos una historia de mentirosos y de engañados, en la que la única verdad es la muerte, personificada, como acabamos de decir en la figura del “Convidado de Piedra”. Los personajes cambian de identidad fácilmente, hacen falsas promesas, se desdicen de sus juramentos y se ríen del dolor ajeno. Los hombres resultan meros instrumentos en manos de las mujeres, que acaban por burlarse del burlador y poniendo las cosas en orden. Da Ponte nos muestra a un Don Juan egoísta, dominado totalmente por sus apetitos e insaciablemente en busca siempre de más placeres sexuales. Don Juan ha racionalizado a Dios fuera de su vida y se burla de lo religioso.

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