Estos dias extranos

  Actualidad

Estos dias extranos

Todos hemos recibido alborozados la noticia de que los doce niños tailandeses y su entrenador fueron rescatados con vida de una cueva a cuatro kilómetros de profundidad en el norte del país, en donde estuvieron sin alimentos y en la oscuridad durante nueve días y luego otros tantos hasta poder salir a la superficie. El rescate fue para contener el aliento. Prioridad del equipo de salvamento: que los niños no entrasen en pánico. Imposible pensar en que pudieran bucear en túneles laberínticos. “Solo necesitábamos que se sintiesen seguros, que todo iría bien”. La cooperación internacional fue magnífica. Como para colmar nuestras mejores expectativas. Hasta Hollywood piensa hacer una película.

Nicaragua, tierra de poetas y de lagos. Después de dos meses de lucha hay más de 300 asesinados, muchos de ellos con un tiro en la cabeza por encapuchados que, según reportaje de Radio Francia Internacional, usan armas similares a las de los militares y la policía. Hay algunos quemados vivos en sus hogares. Más de 1.500 heridos. Los muertos son jóvenes y los pone el valiente y sufrido pueblo nicaragüense. Las fuerzas represoras quieren que todos tengan miedo, que se sientan inseguros. Los asesinos son civiles que respaldan al régimen de Ortega. Sus partidarios matan como en los mejores tiempos de Somoza, el dictador execrable, con una diferencia: ahora son más los muertos, más descaradas las ejecuciones, más impunes los verdugos. Ni la Iglesia católica, empezando por sus obispos, se salva. Tampoco las universidades del país, incluida la UCA de los jesuitas, que son asediadas y sus campus cercados por la mafia orteguista. “Ya hubo demasiada tortura, demasiado asesinato, por parte de esta pareja de desquiciados”, comenta una secretaria jubilada al corresponsal de El País.

“Pareja de desquiciados”. Como Macbeth, Ortega “se ha saciado de horrores”. La Lady Macbeth nicaragüense también puede decir: “Siempre aquí el hedor de la sangre”.

Los gobiernos en la OEA no son ágiles. Piensan, meditan, consultan con exquisita diplomacia.

¿Se acordará Hollywood de Nicaragua?