El ultimo dia con uniforme

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El ultimo dia con uniforme

Impecablemente uniformadas con sus blusas blancas mangas largas, faldas a rayas celestes y su chaleco y corbatín del mismo color, las 133 bachilleres de la octava promoción de la Unidad Educativa Santa Luisa de Marillac, de la Junta de Beneficencia de

Despedida. Las bachilleres del Santa Luisa de Marillac vistieron sus uniformes. La toga y el birrete fueron otros implementos en la graduación.

Impecablemente uniformadas con sus blusas blancas mangas largas, faldas a rayas celestes y su chaleco y corbatín del mismo color, las 133 bachilleres de la octava promoción de la Unidad Educativa Santa Luisa de Marillac, de la Junta de Beneficencia de Guayaquil, comenzaron a llegar, al Teatro Sánchez Aguilar, donde se desarrollaría la ceremonia de graduación.

Lo hicieron acompañadas de sus padres, familiares y amigos cercanos que quisieron estar junto a ellas en aquel día en que culminaban otra etapa en su vida académica.

Estaban alegres por haber alcanzado una de las metas propuestas y al mismo tiempo mostraban tristeza porque ese día se despedirían de sus amigas y profesores. Y también del uniforme que, cada año lectivo, se convertía no solo en el distintivo colegial, sino en el amigo inseparable y en la prenda que los acompañaba durante la jornada escolar que, en ocasiones, se extendía a más de ocho horas diarias.

“Será difícil abandonar algo que te enseñaron a querer y respetar porque formaba parte de tu vida”, dijo María José Escobar, de 18 años, quien durante 13 años se familiarizó con el atuendo escolar que ahora heredará su hermana menor.

“Me puse uniforme a los cinco años y aunque en cada ciclo lectivo siempre tuve uno nuevo, nunca los diferencié porque los colores eran los mismos y porque el respeto hacia él nunca cambió. Yo guardaré uno para algún día mostrárselos a mis hijos”, manifestó con orgullo Diana Barrera, quien estudió 13 años en esa entidad educativa y recibió una medalla de fidelidad.

Ambas estudiantes, junto a otros bachilleres, se suman a la tradición guayaquileña de guardar los uniformes, una vez que se gradúan.

Unos los atesoran intactos; otros los conservan con mensajes escritos por sus compañeros, donde se desean el mayor de los éxitos en el nuevo camino que deberán recorrer.

Desde ayer, los establecimientos fiscales, fiscomisionales, municipales y particulares del régimen Costa comenzaron a graduar a sus bachilleres.

Los actos se generalizaron en la Zona 8, que comprende los cantones Guayaquil, Durán y Samborondón, donde 45.013 jóvenes se graduarán durante este semana, según el calendario previsto por el Ministerio de Educación.

Unos planteles desarrollaron los actos en sus instalaciones; otros lo hicieron en los auditorios de teatros y grandes salones, donde la emotividad fue el principal ingrediente.

También hubo solemnidad en el momento de nombrar a los mejores bachilleres; y no faltaron los discursos para enaltecer el esfuerzo de los graduados y para dar gracias a Dios, a los profesores y padres.

A cada uno de los jóvenes se les entregó el título de bachiller y el acta de grado, durante la ceremonia de investidura.

Muchos llevaron diplomas de excelencia académica, menciones de honor por haber participado en intercolegiales con buenos resultados, así como medallas de fidelidad por los años en el mismo plantel. Pero al final, lo que todos guardarán por igual, será el uniforme.