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Todas las deudas, todas

El Observatorio Fiscal, un grupo de gente seria, ha producido un estudio sobre las obligaciones estatales que existen al momento del cambio de gobierno. Los números, aquí reproducidos, son inmunes a las definiciones mañosas que clasifican la deuda pública entre externa, consolidada, no registrada y no reconocida.
Todo es deuda por la simple razón de que hay que pagarla. Aun cuando las obligaciones sean a plazos de menos de un año, como ocurre con los títulos del Ministerio de Finanzas monetizados con dinero ajeno por el Banco Central, hay que pagarlas. El Gobierno no puede asumir la actitud del deudor de las tarjetas de crédito que dice no deber pues paga sus cuotas todos los meses.
¿A cuánto asciende la deuda? Las cifras del Observatorio son concluyentes, aun cuando no definitivas.
La deuda externa está en $26.500 millones y la interna en $13.384 millones. A ello hay que añadir $11.691 millones de deuda no registrada, y $8.000 millones de deuda no reconocida. El total al momento suma $59.553 millones o 61 % del PIB. Aparte de ello se está haciendo la comprobación de alrededor de $5.000 millones adicionales que, de ser verificados, llevarían los pasivos del Gobierno a alrededor de dos terceras partes del PIB.
Entre los acreedores están el Banco Central, con $8.800 millones; los chinos y tailandeses que mantienen un saldo acreedor de $1.500 millones en los anticipos petroleros; y la empresa de servicios petroleros Schlumberger, a la que se le adeuda $1.000 millones por servicios petroleros prestados. Con el FMI existe una deuda de $364 millones. Y entre las que no se reconocen, constan el IESS, al que entre aportes de pensiones y a los servicios de salud se le deben $5.100 millones; al Issfa $450 millones; hay una deuda flotante estimada en $1.500 millones; y Petroamazonas mantiene pasivos que no puede servir por $1.000 millones.
¿Es muy alto el endeudamiento? La respuesta del Gobierno y sus amigos es: “en comparación a otros países, estamos muy bien” o más bien “mal de muchos, consuelo ...”. Lo que importa no es tan solo el “stock” de deuda sino la capacidad de pago, el incremento de los pasivos, los costos financieros y plazos, y el uso de los recursos. Salvo la deuda con multilaterales, la deuda de bonos externos tiene un perfil oneroso de cinco años; los pasivos con el BCE, que hoy representan el 18 % del total, son habidos con fondos de terceros, y próximamente evolucionarán hacia las emisiones sin respaldo que en su momento dieron al traste con el sucre; las deudas no reconocidas tienen un enorme componente de “deuda social”; y los ingresos de capital se utilizan para financiar gasto corriente.
Si se toma una instantánea del momento, puede calcularse que el servicio de intereses del “stock” de deuda y obligaciones crece hacia los $4.000 millones, y los requerimientos de financiamiento superan los $15.000 millones que, para tener una idea de las proporciones, representa tres veces el gasto total en salud y en educación.
Y todo eso para tener crecimiento negativo, pretendiendo convencernos de que la economía está estabilizada y en crecimiento.
La mesa está servida, pero ¡con las sobras de los banquetes de antaño!