Despues de la opera

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Despues de la opera

Cuando este articulista contaba 11 años, en 1946, recibió de su abuela el encargo de asistir, al teatro 9 de Octubre, a una función de la ópera Madame Butterfly, para llevar y traer un paraguas japonés de su propiedad que había prestado para el espectáculo. Quien dirigía la orquesta en esa oportunidad era el maestro Angelo Negri, que algún tiempo después falleciera en forma dramática, y en su propia salsa, cuando cumplía sus altas funciones como director de orquesta, mientras se presentaba otro espectáculo de alta categoría con música clásica.

El pasado jueves fui espectador, por segunda vez, en vivo, de una ópera. Del mismo compositor italiano, Giacommo Puccini, se presentó, con el auspicio de la Orquesta Sinfónica de Guayaquil, en el majestuoso teatro del Centro Cívico, la obra La bohème (La bohemia, en castellano) que tuvo una muy lucida presentación, la cual mereció, al concluir el cuarto y último acto, una estruendosa ovación del público que llenaba la sala, que duró cerca de 20 minutos, con la presencia de todos quienes actuaron, sobre el escenario.

Se trató, no cabe la menor duda, de una presentación impecable, que debe ponernos orgullosos de que en nuestra ciudad y país se pueda ofrecer un espectáculo de esa categoría.

Fue extraordinaria, sin exageración alguna, la actuación de sopranos, tenores, barítonos y bajos, con sus voces en una maravillosa sonoridad, acompañados de la Orquesta Sinfónica, dirigida por el maestro ítalo-argentino Dante Santiago Anzolini, que armonizó con los movimientos actorales en forma más que precisa, a través de todas y cada una de las secuencias de esta obra que tuvo más de dos horas de duración.

Es de destacar que, sumando a quienes actuaron como “extras”, una gran cantidad de personas llenó el escenario con irreprochable actuación. Todos ellos lucieron el vestuario correspondiente a la época en que se desarrolla el drama, que en algo nos recuerda a la famosa novela La dama de las camelias, de Alejandro Dumas hijo, con libreto de Giuseppe Giacosa y Luigi Illica (en un París de las primeras décadas del siglo XIX).

Ojalá que espectáculos como este se sigan repitiendo en el teatro más moderno y grande de la ciudad.