Despues del asalto a la bonanza

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Despues del asalto a la bonanza

Hacerlo le puede parecer innecesario a determinados observadores de la vida nacional pero, en razón de repetidas experiencias, creo que es conveniente insistir hasta convertirlo en convicción, respecto al asalto a los fondos públicos que sufrió la República durante la bonanza petrolera.

Hay un todavía amplio sector de ecuatorianos que sostienen que las denuncias contra los dirigentes del gobierno anterior son únicamente el producto de la pasión política y siguen creyendo que los cabecillas de la “revolución ciudadana” eran unos pobres y honestos angelitos.

Tanto han robado a lo largo de la historia de nuestro país que la sustracción de fondos públicos, que antes se daba por excepción, ahora se ha vuelto connatural entre una buena parte de los miembros de la clase dirigente.

Toca, sin duda, volver a poner de moda la honradez. Lograrlo va a requerir de un gran esfuerzo donde el primer paso será el de predicar con el ejemplo, tanto en lo público como en lo privado.

Por supuesto, también se debe hacer ajustes en cuanto a la lucha contra la pobreza. Creo, en razón de la experiencia acumulada, que ese esfuerzo requiere combatir dos desigualdades: la de los ingresos y la de los conocimientos. Por más que se insista en focalizar para llegar a los más necesitados eso no logrará optimizar los resultados si no se busca disminuir las desigualdades precitadas. La de los ingresos, pese a los optimistas informes oficiales de la década infame, que la veían en disminución, en la vida real ha crecido, agravada por el desempleo. Hoy existen más ricos más ricos pero igualmente más pobres más pobres. No es novedad: en todas las provincias hay pobreza extrema y de eso se aprovecha el crimen organizado. ¡Las últimas manifestaciones y el vandalismo a ellas vinculado lo revelan!

En cuanto al conocimiento, tenemos más PhD pero también más gente que no ha terminado la primaria y la calidad de la educación todavía deja mucho que desear. Así nunca avanzaremos en productividad. Tenemos analfabetismo cívico en la clase dirigente. El interés nacional está ausente. ¡Hay que ponerle Patria a la política!

’Para pagar sin más tensiones la factura del despilfarro y el latrocinio, es imprescindible revisar el accionar político’.