Desprenderse de lo que vale

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Desprenderse de lo que vale

U na amiga me contó que su padre le daba a los perritos callejeros “huesitos con dignidad” (carnudos aún); una sencilla anécdota familiar nos puede edificar el alma y dejar una enseñanza práctica para la vida, sin mucho drama. Si donamos, que sean cosas en buen estado, no desechos; no zapatos chullos o dispares, ropa rotosa, medicinas vencidas o alimentos perecidos; lo que no vale se bota, dice ese valsecito añejo Tu culpa (tronco seco); no humillemos a los donatarios con especies inútiles. A Dios tampoco lo engañamos con esas “donaciones” ya que Él ve nuestras intenciones y bendice al dador alegre que se desprende de lo que vale, no de lo inservible.

Miguel Ulloa Paredes