SUSCRÍBETE
Diario Expreso Ecuador

Actualidad

Descomposicion esperada

Creado:

Actualizado:

En:

Resulta extraño que se escriba la historia de lo que aún no ocurre, pero el libreto de ciertas revoluciones se cumple sin mayores modificaciones históricas. El espíritu de un futuro líder se incendia con sublimes ideas de justicia social; asume su apostolado entrando en acción y su eventual carisma hace lo suyo. Se comunica con los desamparados y pronto cautiva a quienes lo escuchan. El poder está a la vista y acuden en su auxilio las grandes defecciones de los gobernantes del momento. Y el desconocido personaje da con éxito el salto decisivo y se instala en la presidencia. Su poder nunca descansó en la Constitución que debió jurar, sino en sus agitadas manos, en sus explosiones de inconformidad, en su histrionismo retórico y en el golpeteo pertinaz de una media docena de manoseados conceptos revolucionarios, que nunca pasarán de moda mientras haya en el mundo gente menesterosa o hambrienta de mejores días.

Ya en el poder, comienza a emerger la verdad. El futuro avizorado y prometido se torna esquivo pese a la avalancha de dinero petrolero, y las verdades expresadas corren el riesgo de disolverse. Había que proteger esas verdades aun con inventivas, con sofismas al parecer patrióticos, con mentiras necesarias que poco a poco integraron un batallón de mentiras que “su” revolución requería para avanzar. No se tuvo el valor para rectificar y acabar con la parodia, pero sobraba vigor para humillar y zaherir a quienes no comulgaban con sus anacrónicos dogmas ni festejaban las banalidades del nuevo régimen. Se acudió por ello a la violencia verbal y luego a actitudes de hecho que culminaron en agresiones a la libertad de expresión, en la apropiación de medios de comunicación y en un esperpento político llamado sabatina presidencial. Ya no se hizo necesario esgrimir razones: bastaba la fuerza de la sinrazón y el temor que esta inspira, y se convirtió en sistema de gobierno. El temor se instaló en buena parte de la ciudadanía y la única verdad con que se contó fue la oficial, la expresada por el gobernante en nombre de una voluntad general que no es la voluntad ciudadana sino la de unos cuantos particulares enquistados en el Gobierno. Una verdad que no necesita demostrarse, sino imponerse, sin importar si es falsa o errónea. Ahora pretenden atemorizar a las FF. AA. ¡La verdad de un sobreprecio ha sido descubierta por primera vez tras nueve años de escandalizarnos con sobreprecios que luego se ignoran!

Pero no se puede eternizar el temor. Todo aquel que ha sido víctima de la agresión económica, de la diatriba o de los exabruptos presidenciales, se malquistará con el insultador y sustituirá el temor por el repudio.

Es tarde para rectificar y buscar la ruta democrática marcada por la expresión veraz y respetuosa del ser humano. Además, no hay vocación alguna para ello y los calcinados dogmas de un Gobierno absorbente y autócrata no contribuyen en nada a lograr una solución digna y solidaria. Descubrieron que la falsía se convirtió en la primera de todas las fuerzas que dirigen al mundo, como asevera Jean F. Revel, y decidieron aferrarse a ella y perennizar la impunidad por el daño irrogado a una nación pobre.

Pero tras el rechazo y la saturación, ciudadanos ansiosos de democracia ingresaron a las redes sociales y concibieron, unos la oposición al régimen con feroces y groseras expresiones y otros, apelando a la no menos cruel ridiculización y mofa de quienes nos gobiernan. Ya nada gana el Gobierno acuñando sus prejuicios como verdades revolucionarias. Ya no se las cree y, peor aún, se hace mofa de ellas. El ridículo, en política, es un arma letal y corrosiva. Presenciamos el último capítulo del libreto revolucionario de Alianza País. Vivirán en zozobra quienes traicionaron los universales principios de honestidad y pulcritud. Pero lo indudable es que primará el deseo de que esta penosa experiencia no se repita jamás. Una victoria más de AP acabaría por arruinarnos.

colaboradores@granasa.com.ec

tracking