Democracia y socialismo totalitario

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Democracia y socialismo totalitario

Ontológica, política e históricamente la democracia es anterior al socialismo. Son procesos y productos sociales que nos remiten a complejas relaciones entre Estado-ciudadanía y a modos de vida jurídicos-políticos. Algunos desorientados de la filosofía política creen que el socialismo es la única y auténtica democracia. Los hechos y eventos históricos dicen lo contrario.

De la Conspiración de los Iguales (1796), el Manifiesto Comunista (1848), la Revolución soviética (1917), china (1949), cubana (1959) y los regímenes pro soviéticos europeos (1945-1950) hay suficientes evidencias de la imposible coexistencia entre democracia y socialismo totalitario. Y mucho más desde la línea marxista y comunista.

Los procesos históricos mundiales dan pruebas suficientes de esta fractura, desencuentro y la imposible conciliación de ellos, bajo perspectivas dogmáticas y marxistas. Teóricos, ideólogos, filósofos y politólogos del canon marxista han gastado miles de litros de tinta y toneladas de papel intentando formular “ideas” de posibles convergencias. Han sido actos fallidos. La dialéctica de la historia social ha desmontado las falacias, laberintos y trampas de esas “teorías”.

En múltiples experiencias históricas, de diferentes tiempos y diversos procesos, en algunos países que con “revoluciones” han intentado encontrar posibles convergencias, todo ha resultado vano. El más grande fiasco fue constatar que los infiernos de Gulag y los demonios totalitarios sustentaban las “democracias socialistas reales” (dictaduras despóticas de mafias y nomenclaturas antidemocráticas). La caída del Muro de Berlín (1989) mostró y demostró que la cortina de hierro fue un asalto totalitario y una negación de la democracia.

Brillantes teóricos marxistas nunca han logrado demostrar, desde la historia y la política concreta, que podían coexistir democracia y socialismo totalitario. Desde la caída del socialismo real al socialismo del siglo XXI de hoy, todos los procesos sociopolíticos mundiales evidencian la imposible conciliación y coexistencia pacífica entre democracia y socialismo totalitario.

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