Cuento constitucional

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Cuento constitucional

Hoy vamos a crear un nuevo género literario, como siempre, ficticio: el cuento constitucional, a partir de los art. 145 y 146 de la Constitución, que establecen la posibilidad de reemplazar al presidente por incapacidad física y de convocar a nuevas elecciones si ambos mandatarios faltan simultáneamente:

-No entendiste nada. La clave está en la frase que he repetido hasta la saciedad: “dejamos una economía en crecimiento”. Así, cuando a Helenín se le vaya de las manos el país porque no tiene para pagar sueldos, ni el servicio de la deuda, ni la diferencia en efectivo por las preventas petroleras, será facilísimo hacer que el Congreso lo declare físicamente incapaz de gobernar. Además, la semana pasada ya salió al aire la verdad: los 6 mil millones que hemos cogido del Central; es casi la misma cifra del feriado bancario del 99. Todos están “paniqueados”, como dice Fabricio. Por eso repito hasta el cansancio que dejamos una economía en crecimiento. El art. 145 de la Constitución permite cesarlo a Helenín por incapacidad física después de tres meses. Y al otro me lo como con la lista de “Oh, questrech”. Si faltan los 2 simultáneamente, trampozín tiene que convocar a elecciones en 48 horas. Y como en tres meses el país estará colapsado, gritarán: “regresa Rascael”. Además, cuando me vaya, se sacarán los ojos entre ellos. El patucho se quiere comer a Vidrio para subir él y Vidrio a Helenín. Se va a armar el relajo. El regreso del salvador es “la” alternativa.

-Ya, entiendo. Por eso hiciste aprobar la ley. Ya decía yo, ¿para qué la guardia pretoriana si no va a estar en el país? Pero ¿no te has puesto a pensar que Helenín no se va a dejar? Acepto que fue genial mandar sacando a “yasabemos” y poner al nuevo. Pero ¿y si el comandante John consigue los votos en el Congreso y se come a tu fiscal? Recuerda: según el 131, solo necesitan la mitad más uno de los votos. ¿Cómo regresas si te montan una indagatoria por regalar el hotel Quito a los chinos en diez dólares o por lo de “Oh, questrech”? ¡Eres el primero de la lista!

-No, tranquilo. Helenín sabe que no puede.