
Cuenca tiene 2.500 hectáreas susceptibles a desastres invernales
Se han registrado 44 eventos relacionados con las lluvias en lo que va de 2026
Cuenca es uno de los cantones más afectados por el fuerte invierno que golpea al Ecuador. Más de la mitad de las emergencias reportadas ocurrieron en la capital azuaya entre enero y marzo de 2026.
En las últimas semanas, los cuencanos han sido testigos de la fuerza de la naturaleza y de lo susceptibles que son a desastres provocados por derrumbes, deslaves, inundaciones y desbordamientos de ríos y quebradas, tanto en la zona urbana como rural.
Ciudadanos que habitan a lo largo de la avenida Primero de Mayo, una de las vías que recorre de forma paralela al río Yanuncay, a dos semanas de la creciente y posterior inundación que afectó sus viviendas, siguen tratando de recuperar algunos de sus bienes. Nancy Camacho comentó que el parqueadero subterráneo de su edificio colapsó. “El agua subió más de dos metros; las bodegas y los vehículos de dos vecinos se destruyeron por completo. Hoy seguimos sacando los restos que dejó el río”, relató.
La mujer recordó que la última vez que ocurrió un hecho similar fue hace unos 25 años, cuando aún era estudiante y vivía con sus padres en el mismo sector. “En esa época, muchos vecinos perdieron sus enseres; por ejemplo, los muebles flotaban sobre el agua y eran arrastrados por la corriente”, añadió.
A este testimonio se suma el hecho de que existen comunidades rurales de Cuenca que aún permanecen incomunicadas y familias enteras que lo perdieron todo. Esto lleva a cuestionarse si Cuenca es una ciudad propensa a desastres y cuán preparada está para enfrentar la inclemencia del clima.
Características geográficas de Cuenca
El ingeniero ambiental y consultor de proyectos, Wilson Chimborazo, explicó que la ubicación geográfica de la ciudad —zona donde confluyen varios ríos y quebradas—, sumada al cambio climático y al manejo inadecuado de los cauces, ha agravado los efectos tanto en invierno como en verano. “Por ejemplo, en época seca, los caudales disminuyen considerablemente, afectando a la flora y al ecosistema. Es una doble problemática derivada del cambio climático”, sostuvo.
A manera de ejemplo, citó lo ocurrido en Barabón, donde —según el experto— se evidenció la existencia de construcciones poco técnicas, como el “colapso de puentes que no fueron diseñados considerando los caudales máximos”, y añadió que esto, a su vez, genera cuellos de botella que provocan desbordamientos. “La tala de árboles sin control, cuyos residuos terminan en los ríos y agravan las crecidas, es otra problemática que está ocurriendo en las zonas altas de Cuenca”, puntualizó.
Zonas de alto riesgo en Cuenca
En ese sentido, Erick Gutiérrez, director municipal de Gestión de Riesgos, informó que más de 2.500 hectáreas de Cuenca están catalogadas como propensas a sufrir desastres naturales provocados por el invierno.
La dependencia municipal ha identificado —en el área rural— zonas propensas a aluviones e inundaciones, como Marianza, Barabón y Guzho, mientras que los sectores donde podrían ocurrir deslizamientos de tierra son: Paccha, Llacao, Nulti, Sinincay, Santa Ana, Chaucha y Molleturo.
En la zona urbana, las partes vulnerables son: Bellavista–Jaime Roldós, Jesús del Gran Poder, parroquia Hermano Miguel y Trigales Altos.
Estas se suman al informe de identificación de zonas susceptibles por época lluviosa, elaborado por la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos, que identifica a la parroquia Molleturo y sus comunidades costaneras, Circo Social, Marianza–Sayausí, Soldados (vía Cuenca–Molleturo–Naranjal, a partir del kilómetro 60), la autopista Cuenca–Azogues entre la avenida 12 de Octubre y El Descanso, y la vía a Chaucha como zonas de alto riesgo.
Gutiérrez explicó que Cuenca es una ciudad propensa a sufrir inundaciones, deslizamientos, desbordamientos de ríos y quebradas, y sobresaturación de los suelos en zonas altas, y que actividades antrópicas como construcciones sin permisos, rellenos ilegales y no respetar las áreas de retiro cuando existen fuentes de agua cercanas aceleran los desastres.
¿Qué acciones se deben tomar?
Para el experto ambiental, es necesario comenzar a trabajar en planes de mitigación y prevención para que el impacto del invierno se reduzca y no cause mayores destrozos. Explicó que hay diferentes frentes en los que se debe trabajar: desde la autoridad, la ciudadanía y los entes regulatorios.
“El Municipio debe regular mejor los permisos de construcción; el Ministerio del Ambiente y el Ministerio de Agricultura deben controlar la tala, mientras que los habitantes deben realizar limpiezas de ríos, quebradas y sistemas de drenaje”, señaló.
Para un control más estricto de malas prácticas, Chimborazo sugirió aprovechar la tecnología, como cámaras de vigilancia en puntos críticos, para identificar infractores, y habilitar canales de denuncia ciudadana para que las autoridades puedan actuar con mayor rapidez. “El crecimiento de la ciudad supera la capacidad de control, por lo que la participación ciudadana es clave”, concluyó.
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