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Diario Expreso Ecuador

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Los cuatro jinetes: 2007 - 2016

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En 1936, Heinrich Romen, profesor universitario alemán, escribió un erudito tratado de Filosofía, Derecho, Historia y Teología titulado La Ley Natural. Refiriéndose a la ascensión de Hitler, expresó con alarma la habilidad de los nazis para utilizar las instituciones de la legislatura, el gobierno y la administración de justicia, y así imponer el totalitarismo. Advirtió Romen: “nuestros dictadores modernos son los maestros de la legalidad”. Hitler, concluyó, “no apunta a una revuelta, sino más bien a tomarse el poder usando para ello los instrumentos de la democracia”.

Todo parecido no es coincidencia. Las palabras de Romen son actuales y describen fielmente la versión local de la estrategia fascista. Esta empezó con un presidente que al ceñirse la banda rehusó respetar y hacer respetar la Constitución. Siguiendo las tácticas fascistas, defenestró a 57 diputados para hacerse de la legislatura y posteriormente elegir una Asamblea Constitucional que se arrogó poderes no otorgados y cuya tarea culminó con la aprobación de un texto que desecha los conceptos y principios del Derecho para imponer bazofias como el Control Ciudadano; la redacción final, no olvidemos, no fue la de los asambleístas sino la de unos cuantos extranjeros, viciando así de nulidad al documento. Se consagró la adopción de un sistema de representatividad que no tiene nada que ver con la voluntad popular. Se expidieron leyes sin motivación. Todo culminó con el secuestro de la administración de justicia y de todas las instituciones de control, poblándolas con gente adiestrada para servir al amo.

Correa destruyó la frágil institucionalidad democrática del país. Se tropezó, para suerte de él, con un botín de más de $300.000 mil millones que procedió a dilapidar imponiendo un modelo de gestión quebrado: el de la tutela del Estado en la economía. El Ecuador vivió en emergencia y fue este, a manera de giro del negocio, el instrumento del saqueo a la República. Aparecieron así los nuevos ricos, groseros en la demostración de su impudicia. Nos apeamos del mundo y pasamos a ser parte de un grupo proscrito de tiranos y narcotraficantes que viven del expolio y la depredación económica.

El legado de Correa es apocalíptico. Vimos cabalgar, en versión presente, a la Soberbia, la Corrupción, la Ignorancia, y el Engaño. Son las marcas de la bestia con las que sojuzgó las esperanzas de un pueblo crédulo y fácil presa de las promesas del populismo.

El experimento socialista le robó al país y a sus generaciones de la oportunidad de aspirar a mejores días. Coartó la libertad. Rompió el frágil tejido social que nos une. Intentó sembrar la lucha de clases. Pactó con el terrorismo y el narcotráfico. Afectó la moral. Pretendió adoctrinar a la juventud. Introdujo la censura a la comunicación. Hipotecó, finalmente, el futuro de los que producen, quienes, por sucesivas generaciones deberán cubrir con sus impuestos y exacciones los robos de la Revolución.

Moreno, paradójicamente, es el punto de quiebre de Correa, pero sigue atado a sus prejuicios ideológicos. Los capítulos de su historia se empiezan a escribir, pero con tinta invisible, hasta tanto, en una verdadera explosión cuántica vea, finalmente, la luz.

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