Día Internacional de la Mujer_Pandemia_Guayaquil
Campaña. Catherine Medranda lideró a un grupo de guayaquileños que intentó hacerle frente a la escasez de oxígeno durante los días más fuertes de la crisis.Christian Vásconez / Expreso

El rostro más fuerte de la crisis

Tras ser menos vulnerables frente a la covid-19, ellas se vieron obligadas a asumir más responsabilidades. Ocurrió en casa al igual que en el trabajo

El Secretario General de la ONU, António Guterres, esbozó hace poco la apariencia física del coronavirus. Afirmó que “la COVID-19 es una crisis con rostro de mujer”. Pues, es de ese lado que la pandemia ha evidenciado las cifras más grises.

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Según la CEPAL, la mujer vivió un retroceso de hasta 13 años en logros laborales. La violencia de género también se incrementó: una de cada dos mujeres informó que ella o una mujer que conoce habían experimentado alguna forma de violencia en ese tiempo.

Pero han sido las mujeres las que demostraron su gran poder del liderazgo, en contraposición con algunos líderes masculinos considerados “fuertes”. Las cifras determinan que el sexo femenino representa más del 70% del personal sanitario de América Latina y el Caribe. De ese lado se presentó un menor número de contagios. En Ecuador, el 55% de los contagiados se dio entre los hombres, mientras que entre las mujeres el 45%.

Delia Gallegos Ramírez. En dos frentes se plantó ante la covid

Cuando recuerda lo que vivió durante los primeros dos meses de la emergencia sanitaria, se le viene a la memoria la vez en la que fue movilizada hasta el Hospital Guayaquil -suburbio Oeste- desde su puesto en el área de Salud del IESS para atender a los militares heridos que eran trasladado desde la frontera ecuatoriano-peruana, durante el conflicto del Cenepa. “Esos fueron días duros, pero no se comparan con los de marzo y abril de 2020. Había mucho pánico. Hice frente aquí, atendiendo los casos de covid que llegaban y luego en casa, tuve a uno de mis hermanos menores contagiado. Grave”. Delia Gallegos Ramírez tiene 61 años, anda por los 29 de servicio en el área de Salud del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social. Ella es parte del staff de médicos del Hospital del Día Sur Valdivia.

De 73 médicos que atendemos aquí, quedamos 11. El resto se fue a su casa, algunos contagiados, otros por miedo a enfermarse y a contagiar a sus familiares. En los primeros días, murió un compañero. Quienes quedamos aquí, la mayoría éramos mujeres, desde médicos a enfermeras.

Delia Gallegos Ramírez, médica

“De 73 médicos que atendemos aquí, quedamos 11. El resto se fue a su casa, algunos contagiados, otros por miedo a enfermarse y a contagiar a sus familiares. En los primeros días, murió un compañero. Quienes quedamos aquí, la mayoría éramos mujeres, desde médicos a enfermeras”. La unidad en la que labora desde hace cerca de 30 años es de segundo nivel de complejidad y atiende solo a jubilados, pero tras la saturación de los dos hospitales del Seguro, también se abrió espacio a los contagiados que se presentaban con síntomas menores.

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Salud. Delia Gallegos Ramírez tiene 61 años, aunque su área de trabajo es la dermatología, le tocó tratar casos de covid como parte del staff de médicos del Hospital del Día Sur Valdivia.Amelia Andrade / Expreso

“Durante esos meses no me contagié. En abril del 2021 me dio una gripe y me mandaron a casa, pero la prueba salió negativa y volví. En estos 29 años, solo dos veces paré. Soy mujer y las mujeres no nos dejamos doblegar fácilmente”. En la tercera ola, con la de ómicron si terminó siendo parte de la cifras que registra este país de contagiados, igual que su mamá, de 83 años. “Aquí en nuestra unidad no se salvó nadie. Por suerte, todos salimos bien”. Dice que su madre es una mujer fuerte. A su padre lo perdió hace mucho.

Dayanna Monroy, Carolina Mella y María Isabel Gonzales, en entrevista con este Diario.

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“La mujeres tenemos una ventaja frente al hombre. Ellos tienen un umbral más bajo para el dolor. Una mujer puede aguantar más los dolores físicos. El hombre, el dolor moral, porque está formado para la competición”. En su caso, ella se considera una persona de decisión. Nunca se casó, dice que en algún momento de su vida, quiso llegar a ser primero una gran profesional. Es lo que terminó siendo. Tampoco tuvo hijos, pero ha recorrido el mundo, de un simposio a otro. Desde París a Montecarlo, pasando por Roma, Amsterdam y Sao Paulo.

Catherine Medranda Flor. Abasteció de oxígeno en la crisis

Conoce de cerca la muerte. Sus padres fallecieron entre 1997 y 2000. Sin embargo, cuando la sintió rondando el planeta, la ciudad y hasta la cercanía próxima de su familia, en aquel aciago invierno de 2020, la pudo evidenciar de la manera más preocupante. Había miedo, impotencia y desazón. “Mi hermano se enfermó y un cuñado. No era fácil atenderlos, encerrados como estábamos. No habían medicamentos y hubo necesidad de proporcionarles oxígeno, lo que no había por ningún lado y si lo había, los vendían a precios exagerados”, dice Catherine Medranda Flor, una ingeniera en Computación por la Espol, dueña de una empresa de coaching profesional. Su hermano se sobrepuso al virus, tras un mes de padecerlo. No ocurrió igual con su cuñado, que no lo sobrevivió. Fue en esos días que a esta guayaquileña se le ocurrió la idea de formar una mancomunidad alrededor de la distribución de tanques de oxígenos, indispensables para los cuadros graves de covid-19, y así tratar de enfrentar el triste aprovechamiento que se dio detrás de cada botella.

El servicio. Solo en el 2021, el Banco de Oxígeno entregó 250 tanques para atender la demanda entre personas contagiadas por covid-19 y pacientes de Solca y personas con diferentes enfermedades catastróficas.

“Nos dimos cuenta que mientras en Guayaquil no habían los tanques o los ofertaban con precios superior a los mil dólares, fuera de la ciudad, en Ambato, por ejemplo, sí había. Inicialmente pensamos en un tanque, pero me dije que si vamos a pagar por el viaje de un tanque podemos traer más. Y comencé a vender la idea entre amigos, para que tenga sus tanques antes cualquier emergencia.

Junto a tres amigas que ya se habían sumado a la idea, pudimos vincular a otros y traer 10 cilindros. Cuando estos llegaron, ya mi hermano no lo necesitaba. Decidimos prestarlos de manera gratuita a quienes lo requerían. Armamos un proyecto pequeño, el Banco de Oxígeno. Nos quedamos con seis tanques y dejamos dos de reserva. Ese grupo creció y hoy tenemos 40 a 45 tanques, que como ya no hay urgencias con la covid, los prestamos a las personas que están en el área paliativa de Solca”.

Creamos el Banco de Oxígeno para combatir los abusos de venta de tanques en 1.200 dólares. A muchos les cuesta creer que entreguemos tanques llenos sin costo alguno. El pago es ayudar a otros con lo que puedan y fomentar una cadena de solidaridad.

Catherine Medranda, fundadora

Esta guayaquileña asegura que las mujeres tienen mucha fortaleza. “Se dice que somos débiles y muy propensas a padecer maltrato. Pero eso sucede porque hay quienes lo permiten, pero cuando deciden defenderse o sobreponerse a la violencia, sabemos cómo hacerlo. Tenemos mucha fortaleza y espíritu de lucha para dejar cualquier situación adversa. Lo llevamos en nuestro ADN... Somos muy fuertes”.

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Atención. A Catherine Medranda Flor le correspondió encerrarse en casa junto a su esposo e hijo. Juntos se distribuyeron las responsabilidades.Christian Vásconez / Expreso

Recuerda los días tristes de la pandemia. “Si me pongo a recordar esos momentos en los que andaba de un lado a otro en busca de medicinas, de tanques de oxígeno, me encuentro por todos lados con rostros de mujeres, que con mucha pasión a riesgo de su propia vida, dando la lucha por sus seres queridos y familiares. Mi ahijada, 26 años se recorría la ciudad, casi disfrazada... mi cuñada. No hay razones lógicas para entender lo que hicieron lo que hicieron, a no ser que por amor, por solidaridad”. En el grupo que inició esto del banco de oxígeno hay tres personas más. Solo uno era hombre. “Lo iniciamos Cecilia Ricaurte, Glenda Chávez y Aníbal Hidalgo”.

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Natalí Rubio Vélez. Atendió la crisis en su familia y en el trabajo

Ella fue parte de ese grupo de seres humanos que durante la fase más dura de la emergencia sanitaria, jamás paró. Tampoco vivió el encierro. Por su profesión, le toco acudir cada día a cumplir su jornada en el área de urgencias pediátricas del hospital Roberto Gilbert, de la Junta de Beneficencia. En su caso, tampoco tuvo que lidiar con los contagios, pero sí con ciertas situaciones extremas. En su camino de regreso a casa, evidenció aquel silencio lúgubre que dejó atrás el encierro de los habitantes de esta ciudad. Le correspondió también enfrentar la ausencia obligada del personal de salud en su lugar de trabajo: entre el 40 y el 50% del personal se quedó en casa. Por un lado, contagiados; por el otro, por la edad y por presentar ciertos factores de riesgos.

En la segunda ola -entre julio y agosto de 2021- sí tuvimos algunas muertes a pesar de la primera vacuna, y de saber algo del virus. Unos 20 parientes cercanos se contaminaron. Tuvimos tres fallecidos. Dos tíos y un primo.

Natalí Rubio Vélez, médica

“Tuvimos que organizar un plan para que nunca dejara de haber atención”, comenta Natalí Rubio Vélez, una portovejense de 36 años, quien ha labora en este centro hospitalario 10 de sus 12 años de graduada de médico, de la Universidad Católica de Guayaquil. Es una de los pocos que no alojó el virus en su organismo. Nunca se ha contagiado. “Estamos muy expuesto, pero por el cuidado ha resultado efectivo”. Pero como en la mayoría de ecuatorianos, uno o más de sus familiares vivió la triste experiencia de haber sido enfermado por la covid-19. “En la segunda ola -entre julio y agosto- sí tuvimos algunas muertes a pesar de la primera vacuna, y de saber algo del virus. Unos 20 parientes cercanos se contaminaron. Tuvimos tres fallecidos. Dos tíos y un primo”.

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Salud. Natalí Rubio Vélez tiene 36 años y es portovejense. Está asignada al área de urgencias pediátricas del hospital Roberto Gilbert, de la Junta de Beneficencia.Christian Vasconez / Expreso

En Guayaquil ella vive sola. Pero siempre ha estado conectada con su familia. Es más, le correspondió ser parte de los profesionales médicos que hay entre ellos, que debieron atender la crisis. “Somos unos siete u ocho médicos en diferentes ramas”. Tiene una especialidad en Urgencias Pediátrica por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Como mujer tenemos una mayor sensibilidad, de querer proteger, pero eso nos hace más fuertes. Ser más sensibles, no es sinónimo de ser menos fuertes. Las mujeres tenemos más fortalezas ante situaciones graves.

Natalí Rubio Vélez, médica

Cree que la crisis de la pandemia puso a prueba a toda la humanidad. Hombre y mujeres debieron hacerle frente de la mejor manera. Pero considera que una cuestión natural, a la mujer casi siempre le tocó la parte más dura. “Como mujer tenemos una mayor sensibilidad, de querer proteger, pero eso nos hace más fuertes. Ser más sensibles, no es sinónimo de ser menos fuertes. Las mujeres tenemos más fortalezas ante situaciones graves". Frente a la covid-19, acepta que el hombre estuvo más expuesto. “Es el que suele proveer, pero al final, cuando ellos enferman, somos las mujeres las obligadas a responder y asumir responsabilidades, a hacerse cargo de todo: de la casa, de ver cómo lleva los alimentos a la casa. Eso si es que no trabaja. Cuando lo hace, debe estar en ambos frentes”. En su entorno laboral -el hospital Roberto Gilbert-, la mayoría del personal médico es del sexo femenino. “Creo que el hecho de ser mujer nos hace más cercano a los niños”.